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La historia de Maria Morera



Érase una vez un árbol que se llamaba María, era de la familia de las moreras, por eso en el vivero donde nació la bautizaron como María Morera.  Vivió sin grandes preocupaciones durante 13 años entre sus hermanas alineadas ordenadamente en el vivero.  Su vida era de placer, nadie la molestaba y se alimentaba de una rica tierra fertilizada así como de un regadío constante.  Creció bastante y se hizo guapa.

Un buen día, alguien la compró y los trabajadores del vivero se la llevaron, con un buen cepellón de tierra que albergaba sus raíces, a Vilanova i la Geltrú.

Cuando llegamos a nuestra nueva casa María Morera ya vivía en ella desde hacia 12 años, así que en aquel momento tenia unos 25 años, o sea que era una adolescente para las edades de los arboles.

Al principio mi relación con ella fue buena, me gustaba la sombra que daba y el conjunto del fondo del patio era armónico con su majestuosa presencia. Pero no todos pensábamos lo mismo. Desde bien pronto Anna se enemistó con ella.  Era una pena pero María ensuciaba el jardín, bueno el patio, con su caída de hojas bianual, también cobijaba varios tipos de aves, palomas, lechuzas y pajaritos menores, lo que proporcionaba estiércol a las plantas que vivían a su sombra.  Desgraciadamente para Maria también se ensuciaba la vieja mesa de mármol que trajimos de Tartera, las sillas de teca, el suelo circundante y sobre todo la sombrilla de la piscina… La guerra empezó soterradamente y en el alma de Anna nació pronto la idea del asesinato.

Durante unos años mi resistencia a favor de María usó todo tipo de argumentos, que si daba sombra, que si daba más privacidad al jardín, que si evitaba las miradas de los vecinos sobre la piscina… que si era una pena matar al vegetal… la cosa fue aguantando con diversos ataques podadores que la fueron esquilmando, y reduciendo, hasta que este verano sucedió lo inesperado.  María Morera enfermó de un hongo que volvió blanquecinas las hojas y llenó de esporas el jardín y la superficie de la piscina…

Un último intento de pacto fracasó. De acuerdo con el jardinero, le prometí a Anna que fumigando con un fungicida el problema se resolvería… hubo una tregua aparente mientras no decidíamos (el jardinero, María y yo) si mi promesa había hecho efecto en el ánimo de Anna….

Pero un sábado aciago, pocos días después, vi a Anna encaramada en la escalera de mano mediana, podando a saco las ramas a las que alcanzaba… me sumí en mis meditaciones y volví a entrar en mi taller.  Poco después oí un alboroto seguido de grandes lamentos y casi llantos.  Salí corriendo, pensando que algo había atacado a Anna, una serpiente, un gato asilvestrado o una ave rapaz. Nada más lejos…   Me encontré a Anna maldiciendo a María y a su p… madre.  Se había caído de la escalera contra el suelo y se había hecho un enorme moretón en su majestuosa cadera y parte de la nalga izquierda que tanto admiro.   Me lamenté por ello y mirando de reojo a Maria comprendí que el vegetal, en un último y desesperado guiño, se había defendido.  El episodio fue llamado “la Venganza de la Morera”, pero fue su sentencia de muerte.  Un último acto heroico, que como casi todos, fue inútil.

Dias después, desechando totalmente mi promesa, se firmó con el jardinero la sentencia.  Hoy el día del cumpleaños de Lea, cayó con honor, enferma y desesperada, bajo el corte de la motosierra.  Quizás en la otra vida nos perdone.  Eso espero.

20 sept 2017

El legado Junoy



Hace unos años emprendí una exhaustiva investigación histórica que justificara mis sospechas referentes a la relación que nos une con las tierras de Gombrén, en donde se encuentra el Santuario de Mogrony. Después de innumerables solicitudes de información y -cuando no había más remedio- viajes, al archivo del obispado de La Seu d'Urgell, al archivo del Monasterio de San Juan de las Abadesas, al archivo histórico del museo de Arte Románico de Catalunya, y a los archivos parroquiales de Puigcerdá, Alp, Queixans, Urtx, Estoll, Gombrèn, Sort, La Pobla de Lillet, Campdevanol y Ripoll, he podido reunir el material suficiente para probar que estaba en lo cierto: nuestra familia está emparentada con los señores feudales que hasta hace pocos siglos (hasta el S.XVII) eran propietarios de todas las tierras desde Campdevánol hasta La Pobla de Lillet, toda la sierra de Mogrony, incluyendo el Santuario, además de muchas otras ermitas como Sant Marti de Puigbó, Sant Romá d'Aranyonet, Santa Magdalena de Solanllong y Sant Joan de Mataplana, por citar las más conocidas de esta región que abarca todo el municipio de Gombrèn (antiguamente Gombreny) y parte de los términos de: Campelles, Planoles, Castellar de N'Hug, la Pobla de Lillet y Campdevánol.

Pero empecemos a hacer historia. Para ello hemos de remontarnos al siglo XI y desplazarnos a la Cerdanya. En los archivos de La Seu D'Urgell se recoge ya las primeras menciones al linaje de la familia d'Urtx en relación con la elección del sitio d'Urtx como sede de los comtes (condes) de Cerdanya. Esta familia emparentó con la nobleza y entre 1081 y 1130, al menos, los vescomtes (vizcondes) de Cerdanya emplean el titulo de vescomtes d'Urtx. El primero en llamarse así fue un tal Bernat II, que era hijo del vescomte de Cerdanya, de Conflent y señor de Jóc, y hermano del vescomte Ramón II de Cerdanya.
El linaje de los Urtx poseía la senyoria (señorio) d'Urtx, en la que estaba comprendida el término de Queixans, la senyoria de la vall de Toses, además de otros lugares (así consta en la Seu d'Urgell, sin especificarse que otros lugares eran estos, cito textualmente: "i poseiban terras de bon conrreu i de pastoratge a mes de les senyories de la Vall de Toses i de Queixans". Es con el bisnieto de Bernat II vescomte d'Urtx, que se llamó Galcerán II senyor d'Urtx, de la vall de Toses, de Viá, de Bar, de Dorriá, de Tüir, de Estoer (Estoll), de Illa, de Aristot, de Campelles i del señorio de Jóc (más adelante veremos la importancia de la senyoria de Jóc en el Conflent, uno de los condados catalanes que el tratado de los Pirineos amputó dejándolo del lado Francés), que se inician los lazos con otro linaje importantisimo en la historia del Principado, con los senyors de Mataplana. Así fue como del matrimonio de Galcerán II con Blanca de Mataplana, baronesa de Mataplana, senyora de Blancafort y de la vall de Gombreny, nacieron 7 hijos. El mayor Galcerán III no tuvo hijos varones. El segundo fue Pere d'Urtx que llegó a obispo d'Urgell (1269-93), responsable de la firma de los pariatges d'Andorra por los cuales el feudo Andorrano se mantuvo al margen de disputas entre nobles del Principado primero y entre Franceses y Castellanos más tarde cuando las guerras previas al tratado de los Pirineos (1621). El tercer hermano fue Ramón II d'Urtx el cual heredó por parte materna la baronia de Mataplana y por parte paterna (viendo el padre que su hijo mayor no tendría

descendencia masculina) recibió el señorío d'Urtx y otras tierras (?!). Ramón II d'Urtx tuvo dos hijos, el mayor se llamó Ramón pero murrio joven sin descendencia y el segundo que fue el comte Hug de Mataplana, casó con Sibilla de Pallars en 1336, emparentando así con la tercera dinastía de los condes de Pallars. Por cuestiones de dotes (de los Urtx pasó a los Pallars y de estos al rey) la senyoria d'Urtx acabó como posesión de la corona. Poco tiempo después la senyoria d'Urtx con todas sus tierras (?!) pasa al vescomte de Castellbó (1359) y no es hasta 1698 en que se registra de nuevo una transferencia de propiedad a favor de la comunidad parroquial de Puigcerdá por favores que la curia hizo al linaje de Castellbo. Desde entonces la senyoria d'Urtx pasa por diferentes vicisitudes, se separan de su legado el termino de Queixans y de la Vall de Toses y se cede al Monasterio de Sant Joan de Ripoll el resto de tierras más alla de la Collada de Toses (la senyoria de Gombreny).

Pero volvamos al siglo XIV. La población de la senyoria d'Urtx (términos de Urtx y de Queixans) no era muy numerosa. En 1365 están registrados 41 hogares que disminuyen hasta 16 en 1380, no recuperándose este descenso hasta bien entrado el siglo XVI (14 hogares en 1553 y 34 hogares en 1595. En 1778 ya podemos conocer numero de habitantes que son 239. El máximo de población entre Urtx y Queixans se alcanza en 1857 con 478 habitantes. Después a lo largo de un siglo va disminuyendo hasta que encontramos 346 h. en 1900 y 265 h. en 1950. El siguiente censo en 1960 ya muestra señales de recuperación con 316 habitantes y en 1981 queda estable con 313h. de los cuales 48 h. pertenecen propiamente al termino d'Urtx, 41 h. al termino de el Vilar d'Urtx. y 51 h. al de Estoll, siendo el resto de Queixans que se muestra como el más poblado de los núcleos que formaron la original senyoria d'Urtx.

Revisando los documentos censales de 1778 encontramos la primera referencia a un Junoy de Queixans relacionado con Gombrén. El texto censal tiene un asterisco que lleva a una nota en el margen derecho (en parte no legible) que dice textualmente: "...3 familias, que son 41 habitantes, censan doble al poseer casa y tierras en Gombrén (Mas Junoy), en Bellver de Cerdanya (Can Saperas) y en Bagá (Mas Llofriu). Este hallazgo nos hizo revisar la documentación de transferencia patrimonial de la familia Castellbó a la curia (1698: Archivo de la Corona de Aragón) y comprobamos que en el acta notarial también se hace referencia a tierras y fincas que los Junoy tenían en indiviso entre los dos términos: Gombrén y Queixans. Pero fue cuando solicitamos información sobre la familia Junoy en relación con Gombrén al Monasterio de San Juan de las Abadesas cuando nos sorprendió saber que existió el Mas Junoy desde tiempos de Hug de Mataplana (1363), a las afueras de Gombren en el pla de Monegals. Volvimos a los archivos notariales de la familia Castellbó (por suerte muy bien documentados todos los actos de transmisión patrimonial desde el siglo XII en adelante) y encontramos una de las piezas clave que nos faltaban para entender la relación de los Junoy con Gombrén. En la cesión por dote que se hace a los Pallars cuando una hija de Hug de Mataplana se casa con un primo de su propia madre, la comtesa Sibila de Pallars, se obliga a mantener la indivisión de tierras del Mas Junoy. Hay una carta posterior (1670) del archivo de la familia Castellbó, en la que Arnau de Castellbó se dirige a su contable o a su administrador por otros motivos y le recuerda que no puede vender por partes las tierras del Mas Junoy en respeto a los deseos del legado de Hug de Mataplana, añadiendo -"como ya sabéis"- que el comte donó a la familia del "noi de Joc" (chico de Joc), de donde viene Jocnoy y posterior Junoy, por haber sido hijo natural de aquél. Era obligado, por curiosidad histórica, hurgar en el archivo parroquial de Jóc (Conflent-Francia) a 40 km de Queixans, y así fue como encontramos referencias históricas a la relación con la familia d'Urtx; concretamente en un acta matrimonial de 1353 consta que Raimon d'Ambres se casa con Constanza de Mataplana (?) y esta le aporta un hijo varón del que el acta hace referencia como "fill adoptiu de 10 anys" (hijo adoptivo de 10 años). En el árbol de la familia Mataplana no figura en esta época ninguna Constanza lo cual nos impulsó a buscar otras pruebas que confirmaran la sospecha de que podía tratarse de la amante de Hug de Mataplana y que el hijo que aportaba fuera aquel futuro Jocnoy que recibió de su padre el legado indiviso que más tarde se conocería como Mas Junoy. La casualidad jugó a nuestro favor y en octubre de 1993 recibí una carta de Joaquim Ruirá, historiador de Ripoll, que habiendose enterado por la secretaria del archivo del Monasterio de San Joan de las Abadesas de mis pesquisas, me hacia llegar copia de tres cartas que se guardan en el monasterio y que hacían referencia a la enclaustración de Constanza de Mataplana en 1362 a la edad de 49 años. En dichas cartas, cruzadas entre Odalrich de Puigcerdá, obispo d'Urgell, y la abadesa de Sant Joan de Ripoll, el primero solicitaba el favor de que se acogiera a Constanza, viuda ya entonces del señor d'Ambres, ya que este era el deseo de su protector el comte Hug de Mataplana el cual ya había provisto a su hijo ("fruit del pecat" (fruto del pecado) dice textualmente) de los bienes necesarios para que no dependiera de la herencia d'Ambres, legado que habría de ser destinado integramente al Monasterio que acogiera a Constanza.

Realmente no cabía en mi de satisfacción cuando pude completar esta particular historia. Constanza de Mataplana (no sabemos si era originaria de Jóc o de Queixans-Urtx, aunque si sabemos que vivió en Jóc hasta enviudar y enclaustrarse) tenia 49 años en 1362, por tanto casó en 1353 con el señor d'Ambres a la edad de 40 años y a esta edad aportaba un hijo de 10 años. Quiere esto decir que el comte Hug de Mataplana, -al cual en 1336 cuando contaba 18 años sus padres habían casado con Sibila de Pallars-, sobre 1343 hubo de mantener relaciones ilícitas con Constanza (entonces él tenia 25 años y su amante 30), de las cuales surgiría el linaje de los Junoy.

Así pues esta es la historia, vida y milagros, de como, por una relación amorosa, nuestra familia por parte Coll, que a su vez emparentó con los Clot-Junoy [recordemos que nuestra abuela Mª Luisa Clot Maciá era hija de Luis Clot Junoy, último caballero Desclot y portador del apellido Junoy (?) (por lo menos que sepamos nosotros); el cual era hijo de Jaume Clot Baradat y de Maria Junoy Vidal; y que por esta unión nuestra familia recibió Can Cirera en Tiana (Mas Junoy inicialmente) y las tierras de Cerdanya de los Junoy], tiene su origen en asentamientos de tierras que proceden directamente de un legado del comte Hug de Mataplana, señor de Urtx, de la Vall de Tosses i "de otras tierras" (entre las que está el señorio de Gombrén).





La mesa que agonizaba bajo una morera



En octubre de 1868 nació Luis Clot i Junoy. En ese momento yo no había nacido, todavía era una veta más de mineral de hierro de la explotación de las minas de Ogassa, en el Ripollés.
Unos 25 años más tarde, en 1894, Luis Clot se licenció en Derecho por la universidad de Barcelona y un año más tarde se casó con Mercé Macià i Bonaplata.  Al tiempo que ella quedaba embarazada de Maria Luisa, empezó mi laboriosa gestación.   No creáis que las mesas nacemos en 9 meses como vosotros, lo nuestro és mucho más largo.  Puede ser cosa de años.  

Hacia 1898 la perdida de las ultimas colonias españolas de ultramar hizo decaer la necesidad de mineral de hierro, que en las dos décadas anteriores había prosperado bastante debido a la demanda de planchas y vigas sobre todo, para la construcción de barcos acorazados.     Súbitamente se paralizó la industria naviera pesada y el mineral fue canalizado hacia pequeñas fundiciones familiares que se dedicaban a la artesanía del hierro colado.    

Josep Barnola era de Caixans pero trabajaba en “La Mogronyesa” una fundición que estaba en Capdevanol.  Durante la semana vivía allí, en la misma fundición, que como tantas pequeñas industrias a lo largo del río, tenían sus viviendas para los trabajadores.  En aquella época la semana catalana duraba hasta el sábado, pero como él era el capataz, los amos le dejaban marchar a Caixans el viernes después del almuerzo.   Era un hábil artesano del hierro colado, y había aprendido el oficio en Francia cuando era un chaval.  Fue él mi verdadera madre.  El padre fue múltiple ya que fueron muchos los picos que me arrancaron la materia prima de la mina de Ogassa.  

Copiando un modelo de pie que había traído de MontLuis, diseñó mi estructura metálica y hacia 1904 salí del molde, junto a 300 piezas hermanas, lista para ser vendida.  

Pero vayamos a la historia del futuro comprador.
Luis Clot i Junoy, era entonces ya un brillante abogado que había aumentado su patrimonio por doble partido, gracias a que su tio materno Eusebio Junoy, soltero al morir y debido a que era su padrino, le había dejado en propiedad la finca de Caixans y la Torre Junoy, mientras que su tío abuelo materno, también soltero,  Joan Junoy Gelabert, uno de los fundadores de la Caixa d’Estalvis, le nombró heredero de Can Cirera en Tiana.  

Los Clot-Macia eran una familia feliz y acomodada, con dos hijas, Maria Luisa y Montserrat, y cada mes de julio se trasladaban de Tiana, en donde habían pasado dos meses, hasta Caixans en donde pasarían otros dos meses antes de volver a Barcelona.  

La Torre Junoy, anexa al Mas Junoy, era una construcción de veraneo que había encargado su tio Eusebio a sus 36 años.  Se acabó de construir en 1878 y fue la casa que, 20 años después de su muerte, vería jugar durante los veranos a sus sobrinas-nietas, la primera de varias generaciones de sus descendientes que lo seguirían haciendo hasta nuestros días.  

No fue hasta el verano de 1909 en que Luis Clot, decidió comprarme.  Pero veamos como fue la cosa.  

Resulta que el hermano mayor de Josep Barnola, en Miquel, había sido el administrador y hombre de confianza del abuelo de Luis Clot, y en una de las visitas que Josep Barnola hacia habitualmente a los Clot durante el verano, se comentó la conveniencia de adquirir una mesa de jardín.  Naturalmente mi madre barrió para casa y propuso a Don Luis que adquiriera una de las piezas de su fundición, fue así como me vi envuelta en paja y trasladada de Capdevanol a Caixans en un viaje de carreta tirada por dos yeguas, por toda la collada de Toses, que me separó definitivamente de mis hermanas.  

Así pues, aquel verano de la semana trágica, mientras las bombas anarquistas provocaban decenas de muertos en Barcelona, yo me instalaba en la Torre Junoy para pasar una larga temporada.

No os explicaré al detalle todas las vicisitudes por las que pasé mi infancia y adolescencia por que seria muy largo y quizás aburrido para vosotros que tenéis la mala costumbre de vivir tan pocos años, pero si alguna anécdota curiosa.   Para empezar recuerdo como me instalaron el primer sobre de mármol. Fue encargado por mi madre  –Josep Barnola–, al marmolista de Puigcerdá que estaba a las afueras de la ciudad, antes de pasar bajo la vía del tren, a la derecha.  El maestro cantero se llamaba Quico Segal y la pieza le vino de la pedrera del Carlit que entonces se explotaba cerca del actual Porte Puymorens.  Este soberbio sobre me lo pusieron encima aquel mismo verano, a mediados de agosto de 1909, y duró hasta el verano del 1936 en que los de la FAI volaron parcialmente la Torre Junoy.  Fue una desgracia pero por suerte la familia Clot estaba a salvo en Barcelona, la única víctima fui yo que me quedé sin el sobre, partido por los cascotes que me cayeron encima.  Hasta el final de la guerra civil estuve incompleta y nuevamente el marmolista me instaló un sobre de mármol pero esta vez no era del mármol del Carlit sino de FontRomeu en donde había una cantera de granito rosa que me quedó muy mono.  El pie, hasta entonces negro, me lo pintaron de blanco  al igual que los bancos de jardín que instalaron a mi alrededor cuando los Clot Junoy reconstruyeron la torre.   Durante los años que pasé en Caixans, mis compañeros fueron los cedros –plantados por el tio Eusebio en 1880–, que ya habían crecido mucho y me daban una buena sombra.  En ellos habitaban familias de tordos y las generaciones de pájaros se sucedían primavera tras primavera mientras yo esperaba pacientemente que cada verano vinieran MariaLuisa y Montserrat a jugar a mi alrededor. Son recuerdos imperecederos que se van diluyendo en mi memoria como las lagrimas bajo la lluvia.  Pero el tiempo fue pasando y aquellas niñas se convirtieron en mujeres que a su vez dieron a luz a nuevas compañeras de juegos, así llegaron cada verano los Coll Clot y los Peyri Clot con sus vástagos y se renovó la sangre que los humanos usan para vivir.  

Pero mi juventud tocaba a su fin. La muerte de Don Luis Clot, a los noventa años, en 1956, provocó mi primer gran traslado.  La Torre Junoy quedó para la familia de Montserrat y Maria Luisa heredó Can Cirera de Tiana.  No sé exactamente como sucedió pero al deshacer parte de la casa a mi me tocó seguir de cerca la vida de MariaLuisa Clot y me llevaron a Tiana.   En el  traslado tuve un accidente y el recadero cargó con la culpa de que mi precioso sobre de granito rosa muriera en el intento.  Nuevamente se buscó un sobre, esta vez de mármol blanco del Montseny, exactamente del termino municipal de Palautordera y me instalaron en el parque de la tortuga de Can Cirera.  Allí vivi momentos inolvidables entre los nietos de MariaLuisa, protegida por las sombras de los eucaliptos y las magnolias, pero pasando mucho más calor que en Caixans.  

No fue hasta la muerte de Maria Luisa, en 1989, cuando al deshacer la finca de Can Cirera me tocó nuevamente viajar.   Esta vez uní mi destino a la hija menor de Maria Luisa, Mercedes Coll Clot la cual me instaló en su casa de Roda de Bará.  Allí permanecí unos años a la sombra de los pinos, cerca de la piscina, compartiendo los veranos con la prole de Mercedes y con sus nietos, hasta que regresé a mi Cerdanya natal en 1973.   El traslado fue una odisea pues Alberto, el marido de Mercedes, se empecinó en llevarme en coche, y como el suyo entonces era un  turismo tuvo que pedirle a su hijo Alberto que cargara el mármol en su todo terreno, -sino recuerdo mal era un Range Rover colorado-, y así me vi traquetreada por las curvas que aquel loco cogía a todo lo que daba el bicho.  Más  mareada que una perdiz en la niebla llegué  finalmente a Tartera en donde me instalaron debajo de un precioso tilo de memoria gloriosa.  

Allí pasé los mejores años de mi vida adulta.  Cada verano se reunía toda la familia Bau Coll a mi alrededor y fui  testigo de sus tertulias después de comer, de sus avatares, sus alegrías y sus penas.  Los inviernos eran duros, pero mis piernas todavía eran fuertes y una mano de pintura blanca cada cinco años era suficiente para que luciera dignamente mis patorras.  Había vuelto a mi querida Cerdanya y ya creía que acabaría mis días en ella cuando inesperadamente mi mentora: Doña Mercedes, nieta de quién me saco de Capdevanol recién nacida, murió de un dulce infarto a sus 87 años.  Y és que los humanos sois tan frágiles… 

Al deshacerse la casa de Tartera me tocó en suerte un nuevo mentor y así fue como volví a viajar, a mis 112 años, esta vez en el coche de Anna, la mujer de Albert que para aquel entonces ya estaba domesticado. Después de un placido viaje sin mareo alguno me instalaron en el patio de su casa en Vilanova i la Geltru, nuevamente al lado de una piscina, pero bajo una morera que es un coñazo porque la mitad del año me llena el sobre de hojas.  Y aquí estoy, viviendo mi tercera edad, agonizando con calma, tranquilamente, bajo un árbol más de los muchos que durante mi vida me han acogido a su sombra.  

Por que las mesas en general no se mueren como vosotros de golpe sino muy muy lentamente y durante mucho tiempo…


PD.  Unos años más tarde la pobre morera dejó de molestar... Anna le había declarado la guerra, y Maria Morera, que era como se llamaba, murió de un buen golpe de sierra mecánica aplicado certeramente por Rafel, nuestro jardinero. 











La historia de mis Reyes Magos de Oriente....



LA HISTORIA DE MIS RRMM de Oriente

No en todas las tradiciones, pero si en la nuestra, el espíritu de la Navidad se ha llegado a confundir o mejor solapar con una celebración en la que los obsequios toman un papel sobresaliente.    El 6 de Enero, la Epifanía (1) del Señor en la tradición católico-romana, es una celebración religiosa con raíces muy antiguas.   Cuando uno se pregunta (y la Madeja ha investigado en ello para vosotros) por el origen de esta fiesta se encuentra con algunas sorpresas. Como en otros campos de la tradición cristiana nos encontramos que en este tema hay mucha letra pequeña que nada tiene que ver con lo que Cristo dijo, o quiso transmitir, con el Evangelio.  De los  4 evangelistas sólo San Mateo menciona la adoración de los “magos”(2) (mago viene de la palabra persa mogu que significa astrólogo o adivino).  Marcos no menciona para nada la pretendida condición de reyes de estos misteriosos personajes, tampoco cita sus nombres y ni siquiera da su numero.  Su relato, que tanto rendimiento ha dado posteriormente, deja a los magos de Oriente en un completo anonimato.  Han sido los llamados Padres de la Iglesia (maestros y teólogos que interpretan las sagradas escrituras fundamentándose en su autoridad eclesiástica), junto con el folklore y piedad populares, los que han ido perfilando sus enigmáticas figuras hasta convertirlos en los tres Reyes Magos que hoy conocemos. La que parece ser historia verídica de los magos de Oriente, cuenta con un personaje que, gracias a Flavio Josefo, historiador romano, conocemos bien.  Describe Mateo como, al llegar la noticia de su visita (la de los Magos de Oriente) a oídos de Herodes el Grande, a la sazón rey de Judea (entonces provincia del Imperio Romano), este se alteró. Efectivamente, Herodes el Grande reinaba en Judea con el beneplácito de los romanos (de hecho era una especie de títere de los romanos) y para mantener sus privilegios a lo largo de 35 años de reinado, cometió innumerables atropellos y asesinatos: se dice que mandó secretamente matar a algunas de sus propias esposas e hijos así como a varios rivales políticos que habían buscado el acuerdo de los romanos para sustituirle en el papel de rey de los judíos (dicho sea de paso él no era judío pues su madre era árabe y su padre idumeo).  La inquietud de Herodes se ha de entender en el contexto de la tradición judía. El antiguo testamento dejaba constancia de que ciertas señales del cielo precederían al nacimiento del rey de los judíos.  

Cuando los magos dicen haber seguido una estrella hasta Jerusalén que es signo de un importante nacimiento, inmediatamente Herodes cree que es mejor seguirles la corriente y averiguar el paradero del Mesías para eliminarlo.  Más tarde el Evangelio nos informa de su fracaso al intervenir un mensajero celeste que advierte a José (y curiosamente también a los magos) del peligro que corre.  Así es como se hace necesaria la matanza generalizada de infantes que lleva a cabo Herodes al ver frustrada la posibilidad de eliminar selectivamente al que cree llamado a ser Rey de los judíos. 
Los magos eran una casta de Persia, discípulos de Zaratustra, que se dedicaban a la interpretación de los sueños y de diversos fenómenos naturales, sobre todo astronómicos (eran una especie de equivalente a los profetas en la tradición mosaica: algún día hablaremos largo y tendido de los profetas). Sus predicciones astrológicas tenían un enorme crédito, no sólo entre el pueblo, sino entre los nobles y gobernantes. En este sentido, como astrólogos, es como los cita San Mateo y posteriormente los Evangelios Apócrifos (que también se ocupan de ellos). Sin embargo, en los primeros siglos del cristianismo, la palabra mago adquiere un matiz peyorativo y es Tertuliano, 200 años más tarde, el que “convierte” a los magos de Oriente en reyes. La iconografía religiosa empieza a reflejarlos como señores opulentos, acompañados de fastuoso séquito, y les cambia el gorro frígio de los astrólogos y sacerdotes de Mitra (con el que aparecían en las primeras pinturas de las catacumbas), por la corona real. 
Una cuestión controvertida es el número de magos.  Al rebuscar en las fuentes de información uno se pregunta cuántas cuestiones de este tipo habrán recibido un tratamiento similar.   Decíamos más arriba que existen representaciones de los magos en las catacumbas.  Efectivamente las pinturas reflejan en unos lugares dos y en otros cuatro magos.  La iglesia siria, aun hoy día, cree que eran 12 y los coptos elevaron la cantidad a 60 de los cuales se citan hasta los nombres de 15.  En la tradición cristiana precismática es Orígenes, en el siglo III, el primer escritor eclesiástico que afirma taxativamente que fueron 3.  Curiosamente este exegeta y místico fue posteriormente anatemizado ya que su compendio de dogmas “De principiis” contenía elementos peligrosos para “la nomenklatura” eclesiástica del tiempo.  Fue la época en la que se cerró la posibilidad de que hiciera teología todo aquel que no estuviera verdaderamente integrado en el sistema.  La Iglesia por su misma dinámica, cada vez más metida en lo temporal, se veía obligada a hacer limpieza de todos aquellos místicos y eremitas que pensaban de forma más o menos independiente (3). La semilla sembrada por Orígenes fructificó plenamente y en el siglo V, tan sólo doscientos años más tarde, toda la cristiandad acepta la suposición de que los Reyes Magos de Oriente eran 3.  Sus nombres aparecen por primera vez en el siglo IX, es en el “Liber pontificalis” de Rávena (845) y se les cita como Bithisarea, Melichior y Gathaspa.  Poco después Beda el Venerable en su “Collectanea” hace la siguiente descripción: “El primero de los reyes era Melchor, un anciano de larga cabellera y luenga barba. Fue él quien ofreció oro, símbolo de la realeza.  El segundo, llamado Gaspar, joven imberbe de tez blanca y rosada, honró a Jesús ofreciéndole incienso, símbolo de la divinidad. El tercero, llamado Baltasar, de tez oscura, testimonió ofreciéndole mirra, que significa que el hijo del hombre debía morir...”  A partir de este primer texto descriptivo se sucederán las representaciones artísticas, así, murales, vitrales y pinturas reflejarán con mayor o menor acierto las descripciones de Beda.  En el siglo XV Petrus de Natatibus les atribuye edad: 60 años para Melchor, 40 para Gaspar y 20 para Baltasar.   Hasta bien entrado el siglo XIV la tradición del origen persa de los Reyes Magos era muy fuerte, pero la descripción de Beda y la tez oscura de Baltasar, con el cambio de raza que ello supone, da pie a que los sermonarios de la época posterior a Beda comiencen a considerarlos como representación de los hijos de Noé: Sem, Cham y Jafet, que en el antiguo testamento simbolizan las tres razas humanas.  Baltasar representaría a África, Melchor a Europa y Gaspar a Asia.   Naturalmente el descubrimiento de América dejó esta interpretación un poco corta.  En algunos retablos del Brasil de la época colonial se puede ver un Baltasar vestido de jefe indio con jabalina emplumada.  

Finalmente está el fenómeno de la estrella que guió a los magos.  La tradición cristiana se limita a adjetivarlo de fenómeno sobrenatural, entroncando con la tradición mosaica, la cual nos habla de ciertas señales celestes que precederán al nacimiento del Mesías.  La tradición persa dice que era roja y que se desplazaba lentamente rozando las palmeras. Las leyendas bizantinas añaden que cuando concluyó su viaje estalló en mil pedazos dando lugar a todos los rubíes que hay en el mundo.  En el siglo XVIII, el astrónomo Johannes Kepler explicó el fenómeno de la estrella viajera como consecuencia de la conjunción de los planetas Júpiter y Saturno a su paso por la constelación de Piscis, un hermoso espectáculo celeste que pudo verse en esa época en Persia y Mesopotamia en las horas del crepúsculo (cuando se viaja en el desierto) y que se repetirá de nuevo en el año 2198.  Los reformistas (a los que nosotros llamamos protestantes) aceptan la hipótesis de Kepler pero no los católicos.  La última curiosidad es la relacionada con los juguetes.  Tan sólo es desde el siglo XIX que se instauró en España la costumbre (4) de pedir juguetes a los Reyes Magos.  En el resto de países de cultura cristiano-occidental (exceptuando los directamente influenciados por el colonialismo hispano), no existe tal costumbre, lo que quiere decir que los niños no viven el espíritu de la Navidad con la expectativa de que llegue el día de los Reyes Magos.  En estos países la Navidad se inicia directamente con los regalos, pero esa es una costumbre no relacionada con lo religioso, aunque tenga sus raíces en ello (5).  Efectivamente, en los países de influencia sajona existe una tradición que se remonta a la Edad Media y tiene que ver con San Nicolás de Bari, un obispo cristiano del siglo IV.  En los Países Bajos, dominados militarmente en el siglo XV por la corona española, existía la costumbre de festejar el día 6 de diciembre, San Nicolás, con regalos secretos a los niños que se ocultaban entre sus ropas, pertenencias y calzado. La leyenda decía que San Nicolás, Sinter Klass para los holandeses, llegaba desde España en un barco cargado de regalos que luego secretamente repartía.  Del Sinter Klass holandés derivó el Santa Klaus ingles y norteamericano del siglo XVIII, pero no fue hasta finales del siglo XIX que se popularizó la actual figura no religiosa de Papá Noel gracias a la pluma y la imaginación del norteamericano Thomas Nast, el cual cambió la mitra y el báculo del obispo por el traje rojo y el típico gorro con borla. El ingenioso dibujante también asignó nuevas costumbres al personaje, como la de llegar el día 24 de diciembre con sus renos procedente del polo norte con los juguetes y el de repartirlos bajando por las chimeneas pese a sus gorduras.

Como se puede ver la tradición hispana de los regalos el día de Reyes probablemente surgió a remolque de la costumbre sajona que de alguna manera paganizaba algo que previamente había tenido un cierto sentido religioso.   Los españoles quisieron ser, como de costumbre, mas papistas que el papa y se sacaron de la manga (como si fuera un truco de magia) las propiedades regalatorias de los Reyes Magos de Oriente.  Muchas generaciones de niños lo han agradecido y lo agradecerán.  Porque de ilusión también se vive, aunque sea un plagio. 

En nuestra familia Bau-Coll ya desde hace muchos años se dieron las circunstancias necesarias para trasladar el día de los regalos a la celebración de la Navidad. No hubo en ello un animo consciente de restar importancia a la Epifanía, seguro que no. Tampoco hubo pretensión de asimilarse a lo sajón. Evidente.  Ni siquiera se pretendió catalanizar un poquito nuestra vida familiar por aquello del “caga TIÓ caga turró si no et donaré un cop de bastó” (caga TIÓ caga turrón si no te daré un golpe de bastón). Tampoco fue por ese motivo.  Simplemente se impuso una cuestión practica: “si los niños tienen los juguetes por Navidad pueden jugar con ellos todas las vacaciones”.  Creo que este pragmatismo justifica plenamente el cambio de fechas para hacer regalos en familia.  

 Solo una última reflexión que conviene a todos (incluidos los que irán a Misa de Gallo y cantarán villancicos ante el Belén):  ojalá que entre todos sepamos transmitir a nuestros hijos que la importancia de la Navidad está en el encuentro familiar, en la concordia, en el cierre de una etapa y surgimiento de una  nueva, en el perdón de las ofensas, en el nacimiento de una nueva esperanza para unas intenciones renovadas,  en el aprecio -finalmente- que nos hacemos (que nos manifestamos en sinceridad) los unos a los otros y del cual los regalos son una simple y momentánea metáfora. Todo esto además de todo lo clásico. Aunque solo sea por un si acaso nuestros hijos tengan, así, más salidas a las contradicciones que han de vivir, futuramente, en el seno de una sociedad desacralizada (aunque no atea) en la que el abandono de la religiosidad tradicional no siempre se da en un contexto de evolución sino que a menudo es una involución disfrazada de modernidad.   

                                                                                                                              
Granollers, diciembre 91



1)  Epifanía: por sobre de lo que brilla, por sobre de lo mundano.  La Epifanía viene a representar el sometimiento del poder temporal al poder espiritual; el reconocimiento de los reyes hacia el Creador.
2)  “Nació Jesús en Belén de Judá en los días de Herodes el Grande. Y unos magos venidos de tierras de Oriente llegaron a Jerusalén preguntando: ¿Dónde está el rey de los judíos, que ha nacido?, pues vimos su estrella en el Oriente y venimos a adorarle” Mateo 7,23
(3) Tratando de ser  fieles al mensaje inicial del cristianismo primitivo y con una visión critica hacia el fasto y el poder  de una Iglesia  que surgía, a pesar de si misma, como producto de la oficialización imperial de la religión, fenómeno que había comenzado en tiempo de Constantino.
4) Hasta el siglo pasado no era fiesta de guardar, laboralmente hablando. Y la costumbre de hacer la carta a los Reyes Magos empezó a extenderse bien entrado el siglo XIX.  En algunas zonas fue sustituyendo, uniformizando, diferentes costumbres regalatorias preexistentes, como el “tió” en Catalunya.  
5) Casi todas las tradiciones regalatorias tienen su origen en costumbres pre-cristianas relacionadas con el fin de año y la celebración pagana del cambio de año.  Las leyendas religiosas vienen a sustituirlas y transformarlas.       





El viejo sillón de flores


El tapicero se dio vuelta para buscar la cuarta resma de tela a flores... su sonrisa hizo un breve descanso escondida tras las columnas del almacén.  Aquella señora le estaba poniendo la paciencia a prueba.  Cogió el siguiente pliego de ropa y maldijo a su primo que aquella misma mañana se había llevado el “monstruario”.   A la señora tampoco le gustó.
Volvió a la trastienda y le dio un sorbo al café, ya frio, que la clienta había interrumpido.  Sacó una resma nueva con flores y elevó un suplica al cielo.  Finalmente a la señora le encajó.  Acordaron que también tapizaría el puf a juego y después de hacerle cuatro números se despidieron hasta el día siguiente.  Recoger el sillón y el puf en su casa fue mucho más fácil.  La señora quiso saber cuando lo tendría listo.  Tres dias le dijo, y a ella le pareció mucho.  El tapicero no contestó, pero mientras bajaba por el montacargas masculló para si varias imprecaciones sobre la gente de Muntaner que creían que las cosas se hacen solas... pero lo dejó estar. No quería amargarse el día.


Tiempo después el viejo sillón ocupaba el espacio de la salita como el trono de una reina. Y es que la mamá reinaba desde su sillón de flores.  Todos pasamos por la antesala de los trueques. Por la sala de vistas de tanto conflicto que nunca salió de la salita.  De aquellas confidencias que fueron filtradas para que el rey no torciera el gesto o denegara su acuerdo.  Ella sabia como hacerlo desde su sillón.  Era una gran dama sin camarilla de ministros ni consejeros. Ella, en apariencia fácil de trato, iba siempre un paso por delante de todas nuestras intenciones, peticiones y mezquindades varias.  El viejo sillón fue en esas épocas de los 90 su único y fiel consejero.  En él reposaba la cabeza y rezaba por todos nosotros día tras día.  Allí incubó ella su resignación y su virtud.  En él aposentó durante años sus viejas posaderas, en otro tiempo lozanas y juguetonas, que no en vano había lucido presumidamente durante su época dorada.  El rey siempre sucumbió a sus encantos buen mozo como era.  Pero todo tiene un principio y un fin.  También lo tendría el viejo sillón al pasar los años.  No nos adelantemos.

Recuerdo con claridad muchas conversaciones en la salita.  Pero las imágenes que me vuelven siempre son las mismas.  La mamá leyendo un libro con el punto de media y las agujas aparcadas “para después”, mientras se ponía sus cassettes de música clásica. 

El viejo sillón aguantaba los años con resignación, mientras aprendía de los demás y de la tele...   Cuantos sesteos y cabezadas dio en el sillón?  Cuantos momentos difíciles tuvo que aguantar sentada en él? Cuantas confesiones con el padre Eugenio oyó el viejo sillón a lo largo de los años?  Nunca lo sabremos pero fueron muchas...

El viejo sillón acusó los años y empezó a renquear de una de sus patas traseras, la izquierda.  Recuerdo como lo reparé en Muntaner poniéndole un nuevo taco a una de las ruedecillas que facilitaban su desplazamiento.  Muchos años después  volvería a hacerlo con la ayuda de Pirgio, ya en mi casa, y sabiendo que era un ultimo intento para evitar su ocaso.

 El sillón siempre estuvo asociado a la mamá.  Pero también el papá refugió su cansancio vital en él durante años. Sobre todo hacia el final del invierno de su vida.

Pocas veces me senté, entonces, en el viejo sillón.  La que si recuerdo con emoción fue tu última madrugada papá. Sentado en él, que pasé en la salita con la puerta abierta de tu dormitorio, asistí a la sigilosa llegada de la Parca que te llevaría del brazito a la trascendencia.   Fue un breve atisbo, pero algo imparable se apoderó de tu tos agonizante que me hizo acudir a tu lecho, incorporarte para que respiraras mejor y abrazarte para infundirte el acompañamiento del traspaso.  Exhalaste tu último estertor en mis brazos apenas a unos metros del viejo sillón.

Y si, sentado en el viejo sillón fue como te pensaba cuando pocos días antes de dejarnos escribí unas lineas que ahora traigo al presente para alimentar nuestra memoria y la de los mas jóvenes que no te conocieron tanto como nosotros: los viejos hermanos que hoy nos reunimos. 

Dije entonces “No quiero despertar tu descanso.  Ayer tarde me quedé un largo rato a tu lado viendo como dormitabas.  Al pensar en tu vitalidad a la baja, pensé en mi propia existencia y envidié para mi unos ojos que atendieran mis semisueños finales como yo ahora hago contigo...”

Es difícil desprenderse de tanta costra de memoria como has acumulado viejo amigo, pero como sabes todo tiene su final.  Parece que en estos días se ventila tu ejecución, a falta de un indulto de ultima hora.  Puedes estar orgulloso de tu función y, si los sillones tienen sentimientos, estoy seguro de que afrontaras con resignación y orgullo tu paso a otra nueva vida, quizás reciclado en el punt net de Vilanova, vertedero que seguiremos visitando con regularidad y recordando tu fiel servidumbre a la familia durante tantos años.  Que así sea.


VNG 17 diciembre 2019

PD.  Había considerado varios finales para ti amigo entrañable... desde retapizarte, lo que haria perder tu querida piel de flores, y no sé si te hubiera gustado, hasta llevarte al vertedero, pero nunca hubiera imaginado, y eso que tengo imaginación de sobras, a veces demasiada, que el indulto de Diogenes te salvaria de pasar a otra vida.  Pero lo que para mi casi siempre es un inconveniente puede dar sorpresas como esta.  Finalmente seguirás con nosotros, a pocos metros de donde estas ahora, al otro lado del viejo muro de piedra que nos separa de nuestros suegros.  Es un buen Christmas Gift, no te parece?