El legado Junoy



Hace unos años emprendí una exhaustiva investigación histórica que justificara mis sospechas referentes a la relación que nos une con las tierras de Gombrén, en donde se encuentra el Santuario de Mogrony. Después de innumerables solicitudes de información y -cuando no había más remedio- viajes, al archivo del obispado de La Seu d'Urgell, al archivo del Monasterio de San Juan de las Abadesas, al archivo histórico del museo de Arte Románico de Catalunya, y a los archivos parroquiales de Puigcerdá, Alp, Queixans, Urtx, Estoll, Gombrèn, Sort, La Pobla de Lillet, Campdevanol y Ripoll, he podido reunir el material suficiente para probar que estaba en lo cierto: nuestra familia está emparentada con los señores feudales que hasta hace pocos siglos (hasta el S.XVII) eran propietarios de todas las tierras desde Campdevánol hasta La Pobla de Lillet, toda la sierra de Mogrony, incluyendo el Santuario, además de muchas otras ermitas como Sant Marti de Puigbó, Sant Romá d'Aranyonet, Santa Magdalena de Solanllong y Sant Joan de Mataplana, por citar las más conocidas de esta región que abarca todo el municipio de Gombrèn (antiguamente Gombreny) y parte de los términos de: Campelles, Planoles, Castellar de N'Hug, la Pobla de Lillet y Campdevánol.

Pero empecemos a hacer historia. Para ello hemos de remontarnos al siglo XI y desplazarnos a la Cerdanya. En los archivos de La Seu D'Urgell se recoge ya las primeras menciones al linaje de la familia d'Urtx en relación con la elección del sitio d'Urtx como sede de los comtes (condes) de Cerdanya. Esta familia emparentó con la nobleza y entre 1081 y 1130, al menos, los vescomtes (vizcondes) de Cerdanya emplean el titulo de vescomtes d'Urtx. El primero en llamarse así fue un tal Bernat II, que era hijo del vescomte de Cerdanya, de Conflent y señor de Jóc, y hermano del vescomte Ramón II de Cerdanya.
El linaje de los Urtx poseía la senyoria (señorio) d'Urtx, en la que estaba comprendida el término de Queixans, la senyoria de la vall de Toses, además de otros lugares (así consta en la Seu d'Urgell, sin especificarse que otros lugares eran estos, cito textualmente: "i poseiban terras de bon conrreu i de pastoratge a mes de les senyories de la Vall de Toses i de Queixans". Es con el bisnieto de Bernat II vescomte d'Urtx, que se llamó Galcerán II senyor d'Urtx, de la vall de Toses, de Viá, de Bar, de Dorriá, de Tüir, de Estoer (Estoll), de Illa, de Aristot, de Campelles i del señorio de Jóc (más adelante veremos la importancia de la senyoria de Jóc en el Conflent, uno de los condados catalanes que el tratado de los Pirineos amputó dejándolo del lado Francés), que se inician los lazos con otro linaje importantisimo en la historia del Principado, con los senyors de Mataplana. Así fue como del matrimonio de Galcerán II con Blanca de Mataplana, baronesa de Mataplana, senyora de Blancafort y de la vall de Gombreny, nacieron 7 hijos. El mayor Galcerán III no tuvo hijos varones. El segundo fue Pere d'Urtx que llegó a obispo d'Urgell (1269-93), responsable de la firma de los pariatges d'Andorra por los cuales el feudo Andorrano se mantuvo al margen de disputas entre nobles del Principado primero y entre Franceses y Castellanos más tarde cuando las guerras previas al tratado de los Pirineos (1621). El tercer hermano fue Ramón II d'Urtx el cual heredó por parte materna la baronia de Mataplana y por parte paterna (viendo el padre que su hijo mayor no tendría

descendencia masculina) recibió el señorío d'Urtx y otras tierras (?!). Ramón II d'Urtx tuvo dos hijos, el mayor se llamó Ramón pero murrio joven sin descendencia y el segundo que fue el comte Hug de Mataplana, casó con Sibilla de Pallars en 1336, emparentando así con la tercera dinastía de los condes de Pallars. Por cuestiones de dotes (de los Urtx pasó a los Pallars y de estos al rey) la senyoria d'Urtx acabó como posesión de la corona. Poco tiempo después la senyoria d'Urtx con todas sus tierras (?!) pasa al vescomte de Castellbó (1359) y no es hasta 1698 en que se registra de nuevo una transferencia de propiedad a favor de la comunidad parroquial de Puigcerdá por favores que la curia hizo al linaje de Castellbo. Desde entonces la senyoria d'Urtx pasa por diferentes vicisitudes, se separan de su legado el termino de Queixans y de la Vall de Toses y se cede al Monasterio de Sant Joan de Ripoll el resto de tierras más alla de la Collada de Toses (la senyoria de Gombreny).

Pero volvamos al siglo XIV. La población de la senyoria d'Urtx (términos de Urtx y de Queixans) no era muy numerosa. En 1365 están registrados 41 hogares que disminuyen hasta 16 en 1380, no recuperándose este descenso hasta bien entrado el siglo XVI (14 hogares en 1553 y 34 hogares en 1595. En 1778 ya podemos conocer numero de habitantes que son 239. El máximo de población entre Urtx y Queixans se alcanza en 1857 con 478 habitantes. Después a lo largo de un siglo va disminuyendo hasta que encontramos 346 h. en 1900 y 265 h. en 1950. El siguiente censo en 1960 ya muestra señales de recuperación con 316 habitantes y en 1981 queda estable con 313h. de los cuales 48 h. pertenecen propiamente al termino d'Urtx, 41 h. al termino de el Vilar d'Urtx. y 51 h. al de Estoll, siendo el resto de Queixans que se muestra como el más poblado de los núcleos que formaron la original senyoria d'Urtx.

Revisando los documentos censales de 1778 encontramos la primera referencia a un Junoy de Queixans relacionado con Gombrén. El texto censal tiene un asterisco que lleva a una nota en el margen derecho (en parte no legible) que dice textualmente: "...3 familias, que son 41 habitantes, censan doble al poseer casa y tierras en Gombrén (Mas Junoy), en Bellver de Cerdanya (Can Saperas) y en Bagá (Mas Llofriu). Este hallazgo nos hizo revisar la documentación de transferencia patrimonial de la familia Castellbó a la curia (1698: Archivo de la Corona de Aragón) y comprobamos que en el acta notarial también se hace referencia a tierras y fincas que los Junoy tenían en indiviso entre los dos términos: Gombrén y Queixans. Pero fue cuando solicitamos información sobre la familia Junoy en relación con Gombrén al Monasterio de San Juan de las Abadesas cuando nos sorprendió saber que existió el Mas Junoy desde tiempos de Hug de Mataplana (1363), a las afueras de Gombren en el pla de Monegals. Volvimos a los archivos notariales de la familia Castellbó (por suerte muy bien documentados todos los actos de transmisión patrimonial desde el siglo XII en adelante) y encontramos una de las piezas clave que nos faltaban para entender la relación de los Junoy con Gombrén. En la cesión por dote que se hace a los Pallars cuando una hija de Hug de Mataplana se casa con un primo de su propia madre, la comtesa Sibila de Pallars, se obliga a mantener la indivisión de tierras del Mas Junoy. Hay una carta posterior (1670) del archivo de la familia Castellbó, en la que Arnau de Castellbó se dirige a su contable o a su administrador por otros motivos y le recuerda que no puede vender por partes las tierras del Mas Junoy en respeto a los deseos del legado de Hug de Mataplana, añadiendo -"como ya sabéis"- que el comte donó a la familia del "noi de Joc" (chico de Joc), de donde viene Jocnoy y posterior Junoy, por haber sido hijo natural de aquél. Era obligado, por curiosidad histórica, hurgar en el archivo parroquial de Jóc (Conflent-Francia) a 40 km de Queixans, y así fue como encontramos referencias históricas a la relación con la familia d'Urtx; concretamente en un acta matrimonial de 1353 consta que Raimon d'Ambres se casa con Constanza de Mataplana (?) y esta le aporta un hijo varón del que el acta hace referencia como "fill adoptiu de 10 anys" (hijo adoptivo de 10 años). En el árbol de la familia Mataplana no figura en esta época ninguna Constanza lo cual nos impulsó a buscar otras pruebas que confirmaran la sospecha de que podía tratarse de la amante de Hug de Mataplana y que el hijo que aportaba fuera aquel futuro Jocnoy que recibió de su padre el legado indiviso que más tarde se conocería como Mas Junoy. La casualidad jugó a nuestro favor y en octubre de 1993 recibí una carta de Joaquim Ruirá, historiador de Ripoll, que habiendose enterado por la secretaria del archivo del Monasterio de San Joan de las Abadesas de mis pesquisas, me hacia llegar copia de tres cartas que se guardan en el monasterio y que hacían referencia a la enclaustración de Constanza de Mataplana en 1362 a la edad de 49 años. En dichas cartas, cruzadas entre Odalrich de Puigcerdá, obispo d'Urgell, y la abadesa de Sant Joan de Ripoll, el primero solicitaba el favor de que se acogiera a Constanza, viuda ya entonces del señor d'Ambres, ya que este era el deseo de su protector el comte Hug de Mataplana el cual ya había provisto a su hijo ("fruit del pecat" (fruto del pecado) dice textualmente) de los bienes necesarios para que no dependiera de la herencia d'Ambres, legado que habría de ser destinado integramente al Monasterio que acogiera a Constanza.

Realmente no cabía en mi de satisfacción cuando pude completar esta particular historia. Constanza de Mataplana (no sabemos si era originaria de Jóc o de Queixans-Urtx, aunque si sabemos que vivió en Jóc hasta enviudar y enclaustrarse) tenia 49 años en 1362, por tanto casó en 1353 con el señor d'Ambres a la edad de 40 años y a esta edad aportaba un hijo de 10 años. Quiere esto decir que el comte Hug de Mataplana, -al cual en 1336 cuando contaba 18 años sus padres habían casado con Sibila de Pallars-, sobre 1343 hubo de mantener relaciones ilícitas con Constanza (entonces él tenia 25 años y su amante 30), de las cuales surgiría el linaje de los Junoy.

Así pues esta es la historia, vida y milagros, de como, por una relación amorosa, nuestra familia por parte Coll, que a su vez emparentó con los Clot-Junoy [recordemos que nuestra abuela Mª Luisa Clot Maciá era hija de Luis Clot Junoy, último caballero Desclot y portador del apellido Junoy (?) (por lo menos que sepamos nosotros); el cual era hijo de Jaume Clot Baradat y de Maria Junoy Vidal; y que por esta unión nuestra familia recibió Can Cirera en Tiana (Mas Junoy inicialmente) y las tierras de Cerdanya de los Junoy], tiene su origen en asentamientos de tierras que proceden directamente de un legado del comte Hug de Mataplana, señor de Urtx, de la Vall de Tosses i "de otras tierras" (entre las que está el señorio de Gombrén).





La mesa que agonizaba bajo una morera



En octubre de 1868 nació Luis Clot i Junoy. En ese momento yo no había nacido, todavía era una veta más de mineral de hierro de la explotación de las minas de Ogassa, en el Ripollés.
Unos 25 años más tarde, en 1894, Luis Clot se licenció en Derecho por la universidad de Barcelona y un año más tarde se casó con Mercé Macià i Bonaplata.  Al tiempo que ella quedaba embarazada de Maria Luisa, empezó mi laboriosa gestación.   No creáis que las mesas nacemos en 9 meses como vosotros, lo nuestro és mucho más largo.  Puede ser cosa de años.  

Hacia 1898 la perdida de las ultimas colonias españolas de ultramar hizo decaer la necesidad de mineral de hierro, que en las dos décadas anteriores había prosperado bastante debido a la demanda de planchas y vigas sobre todo, para la construcción de barcos acorazados.     Súbitamente se paralizó la industria naviera pesada y el mineral fue canalizado hacia pequeñas fundiciones familiares que se dedicaban a la artesanía del hierro colado.    

Josep Barnola era de Caixans pero trabajaba en “La Mogronyesa” una fundición que estaba en Capdevanol.  Durante la semana vivía allí, en la misma fundición, que como tantas pequeñas industrias a lo largo del río, tenían sus viviendas para los trabajadores.  En aquella época la semana catalana duraba hasta el sábado, pero como él era el capataz, los amos le dejaban marchar a Caixans el viernes después del almuerzo.   Era un hábil artesano del hierro colado, y había aprendido el oficio en Francia cuando era un chaval.  Fue él mi verdadera madre.  El padre fue múltiple ya que fueron muchos los picos que me arrancaron la materia prima de la mina de Ogassa.  

Copiando un modelo de pie que había traído de MontLuis, diseñó mi estructura metálica y hacia 1904 salí del molde, junto a 300 piezas hermanas, lista para ser vendida.  

Pero vayamos a la historia del futuro comprador.
Luis Clot i Junoy, era entonces ya un brillante abogado que había aumentado su patrimonio por doble partido, gracias a que su tio materno Eusebio Junoy, soltero al morir y debido a que era su padrino, le había dejado en propiedad la finca de Caixans y la Torre Junoy, mientras que su tío abuelo materno, también soltero,  Joan Junoy Gelabert, uno de los fundadores de la Caixa d’Estalvis, le nombró heredero de Can Cirera en Tiana.  

Los Clot-Macia eran una familia feliz y acomodada, con dos hijas, Maria Luisa y Montserrat, y cada mes de julio se trasladaban de Tiana, en donde habían pasado dos meses, hasta Caixans en donde pasarían otros dos meses antes de volver a Barcelona.  

La Torre Junoy, anexa al Mas Junoy, era una construcción de veraneo que había encargado su tio Eusebio a sus 36 años.  Se acabó de construir en 1878 y fue la casa que, 20 años después de su muerte, vería jugar durante los veranos a sus sobrinas-nietas, la primera de varias generaciones de sus descendientes que lo seguirían haciendo hasta nuestros días.  

No fue hasta el verano de 1909 en que Luis Clot, decidió comprarme.  Pero veamos como fue la cosa.  

Resulta que el hermano mayor de Josep Barnola, en Miquel, había sido el administrador y hombre de confianza del abuelo de Luis Clot, y en una de las visitas que Josep Barnola hacia habitualmente a los Clot durante el verano, se comentó la conveniencia de adquirir una mesa de jardín.  Naturalmente mi madre barrió para casa y propuso a Don Luis que adquiriera una de las piezas de su fundición, fue así como me vi envuelta en paja y trasladada de Capdevanol a Caixans en un viaje de carreta tirada por dos yeguas, por toda la collada de Toses, que me separó definitivamente de mis hermanas.  

Así pues, aquel verano de la semana trágica, mientras las bombas anarquistas provocaban decenas de muertos en Barcelona, yo me instalaba en la Torre Junoy para pasar una larga temporada.

No os explicaré al detalle todas las vicisitudes por las que pasé mi infancia y adolescencia por que seria muy largo y quizás aburrido para vosotros que tenéis la mala costumbre de vivir tan pocos años, pero si alguna anécdota curiosa.   Para empezar recuerdo como me instalaron el primer sobre de mármol. Fue encargado por mi madre  –Josep Barnola–, al marmolista de Puigcerdá que estaba a las afueras de la ciudad, antes de pasar bajo la vía del tren, a la derecha.  El maestro cantero se llamaba Quico Segal y la pieza le vino de la pedrera del Carlit que entonces se explotaba cerca del actual Porte Puymorens.  Este soberbio sobre me lo pusieron encima aquel mismo verano, a mediados de agosto de 1909, y duró hasta el verano del 1936 en que los de la FAI volaron parcialmente la Torre Junoy.  Fue una desgracia pero por suerte la familia Clot estaba a salvo en Barcelona, la única víctima fui yo que me quedé sin el sobre, partido por los cascotes que me cayeron encima.  Hasta el final de la guerra civil estuve incompleta y nuevamente el marmolista me instaló un sobre de mármol pero esta vez no era del mármol del Carlit sino de FontRomeu en donde había una cantera de granito rosa que me quedó muy mono.  El pie, hasta entonces negro, me lo pintaron de blanco  al igual que los bancos de jardín que instalaron a mi alrededor cuando los Clot Junoy reconstruyeron la torre.   Durante los años que pasé en Caixans, mis compañeros fueron los cedros –plantados por el tio Eusebio en 1880–, que ya habían crecido mucho y me daban una buena sombra.  En ellos habitaban familias de tordos y las generaciones de pájaros se sucedían primavera tras primavera mientras yo esperaba pacientemente que cada verano vinieran MariaLuisa y Montserrat a jugar a mi alrededor. Son recuerdos imperecederos que se van diluyendo en mi memoria como las lagrimas bajo la lluvia.  Pero el tiempo fue pasando y aquellas niñas se convirtieron en mujeres que a su vez dieron a luz a nuevas compañeras de juegos, así llegaron cada verano los Coll Clot y los Peyri Clot con sus vástagos y se renovó la sangre que los humanos usan para vivir.  

Pero mi juventud tocaba a su fin. La muerte de Don Luis Clot, a los noventa años, en 1956, provocó mi primer gran traslado.  La Torre Junoy quedó para la familia de Montserrat y Maria Luisa heredó Can Cirera de Tiana.  No sé exactamente como sucedió pero al deshacer parte de la casa a mi me tocó seguir de cerca la vida de MariaLuisa Clot y me llevaron a Tiana.   En el  traslado tuve un accidente y el recadero cargó con la culpa de que mi precioso sobre de granito rosa muriera en el intento.  Nuevamente se buscó un sobre, esta vez de mármol blanco del Montseny, exactamente del termino municipal de Palautordera y me instalaron en el parque de la tortuga de Can Cirera.  Allí vivi momentos inolvidables entre los nietos de MariaLuisa, protegida por las sombras de los eucaliptos y las magnolias, pero pasando mucho más calor que en Caixans.  

No fue hasta la muerte de Maria Luisa, en 1989, cuando al deshacer la finca de Can Cirera me tocó nuevamente viajar.   Esta vez uní mi destino a la hija menor de Maria Luisa, Mercedes Coll Clot la cual me instaló en su casa de Roda de Bará.  Allí permanecí unos años a la sombra de los pinos, cerca de la piscina, compartiendo los veranos con la prole de Mercedes y con sus nietos, hasta que regresé a mi Cerdanya natal en 1973.   El traslado fue una odisea pues Alberto, el marido de Mercedes, se empecinó en llevarme en coche, y como el suyo entonces era un  turismo tuvo que pedirle a su hijo Alberto que cargara el mármol en su todo terreno, -sino recuerdo mal era un Range Rover colorado-, y así me vi traquetreada por las curvas que aquel loco cogía a todo lo que daba el bicho.  Más  mareada que una perdiz en la niebla llegué  finalmente a Tartera en donde me instalaron debajo de un precioso tilo de memoria gloriosa.  

Allí pasé los mejores años de mi vida adulta.  Cada verano se reunía toda la familia Bau Coll a mi alrededor y fui  testigo de sus tertulias después de comer, de sus avatares, sus alegrías y sus penas.  Los inviernos eran duros, pero mis piernas todavía eran fuertes y una mano de pintura blanca cada cinco años era suficiente para que luciera dignamente mis patorras.  Había vuelto a mi querida Cerdanya y ya creía que acabaría mis días en ella cuando inesperadamente mi mentora: Doña Mercedes, nieta de quién me saco de Capdevanol recién nacida, murió de un dulce infarto a sus 87 años.  Y és que los humanos sois tan frágiles… 

Al deshacerse la casa de Tartera me tocó en suerte un nuevo mentor y así fue como volví a viajar, a mis 112 años, esta vez en el coche de Anna, la mujer de Albert que para aquel entonces ya estaba domesticado. Después de un placido viaje sin mareo alguno me instalaron en el patio de su casa en Vilanova i la Geltru, nuevamente al lado de una piscina, pero bajo una morera que es un coñazo porque la mitad del año me llena el sobre de hojas.  Y aquí estoy, viviendo mi tercera edad, agonizando con calma, tranquilamente, bajo un árbol más de los muchos que durante mi vida me han acogido a su sombra.  

Por que las mesas en general no se mueren como vosotros de golpe sino muy muy lentamente y durante mucho tiempo…


PD.  Unos años más tarde la pobre morera dejó de molestar... Anna le había declarado la guerra, y Maria Morera, que era como se llamaba, murió de un buen golpe de sierra mecánica aplicado certeramente por Rafel, nuestro jardinero. 











La historia de mis Reyes Magos de Oriente....



LA HISTORIA DE MIS RRMM de Oriente

No en todas las tradiciones, pero si en la nuestra, el espíritu de la Navidad se ha llegado a confundir o mejor solapar con una celebración en la que los obsequios toman un papel sobresaliente.    El 6 de Enero, la Epifanía (1) del Señor en la tradición católico-romana, es una celebración religiosa con raíces muy antiguas.   Cuando uno se pregunta (y la Madeja ha investigado en ello para vosotros) por el origen de esta fiesta se encuentra con algunas sorpresas. Como en otros campos de la tradición cristiana nos encontramos que en este tema hay mucha letra pequeña que nada tiene que ver con lo que Cristo dijo, o quiso transmitir, con el Evangelio.  De los  4 evangelistas sólo San Mateo menciona la adoración de los “magos”(2) (mago viene de la palabra persa mogu que significa astrólogo o adivino).  Marcos no menciona para nada la pretendida condición de reyes de estos misteriosos personajes, tampoco cita sus nombres y ni siquiera da su numero.  Su relato, que tanto rendimiento ha dado posteriormente, deja a los magos de Oriente en un completo anonimato.  Han sido los llamados Padres de la Iglesia (maestros y teólogos que interpretan las sagradas escrituras fundamentándose en su autoridad eclesiástica), junto con el folklore y piedad populares, los que han ido perfilando sus enigmáticas figuras hasta convertirlos en los tres Reyes Magos que hoy conocemos. La que parece ser historia verídica de los magos de Oriente, cuenta con un personaje que, gracias a Flavio Josefo, historiador romano, conocemos bien.  Describe Mateo como, al llegar la noticia de su visita (la de los Magos de Oriente) a oídos de Herodes el Grande, a la sazón rey de Judea (entonces provincia del Imperio Romano), este se alteró. Efectivamente, Herodes el Grande reinaba en Judea con el beneplácito de los romanos (de hecho era una especie de títere de los romanos) y para mantener sus privilegios a lo largo de 35 años de reinado, cometió innumerables atropellos y asesinatos: se dice que mandó secretamente matar a algunas de sus propias esposas e hijos así como a varios rivales políticos que habían buscado el acuerdo de los romanos para sustituirle en el papel de rey de los judíos (dicho sea de paso él no era judío pues su madre era árabe y su padre idumeo).  La inquietud de Herodes se ha de entender en el contexto de la tradición judía. El antiguo testamento dejaba constancia de que ciertas señales del cielo precederían al nacimiento del rey de los judíos.  

Cuando los magos dicen haber seguido una estrella hasta Jerusalén que es signo de un importante nacimiento, inmediatamente Herodes cree que es mejor seguirles la corriente y averiguar el paradero del Mesías para eliminarlo.  Más tarde el Evangelio nos informa de su fracaso al intervenir un mensajero celeste que advierte a José (y curiosamente también a los magos) del peligro que corre.  Así es como se hace necesaria la matanza generalizada de infantes que lleva a cabo Herodes al ver frustrada la posibilidad de eliminar selectivamente al que cree llamado a ser Rey de los judíos. 
Los magos eran una casta de Persia, discípulos de Zaratustra, que se dedicaban a la interpretación de los sueños y de diversos fenómenos naturales, sobre todo astronómicos (eran una especie de equivalente a los profetas en la tradición mosaica: algún día hablaremos largo y tendido de los profetas). Sus predicciones astrológicas tenían un enorme crédito, no sólo entre el pueblo, sino entre los nobles y gobernantes. En este sentido, como astrólogos, es como los cita San Mateo y posteriormente los Evangelios Apócrifos (que también se ocupan de ellos). Sin embargo, en los primeros siglos del cristianismo, la palabra mago adquiere un matiz peyorativo y es Tertuliano, 200 años más tarde, el que “convierte” a los magos de Oriente en reyes. La iconografía religiosa empieza a reflejarlos como señores opulentos, acompañados de fastuoso séquito, y les cambia el gorro frígio de los astrólogos y sacerdotes de Mitra (con el que aparecían en las primeras pinturas de las catacumbas), por la corona real. 
Una cuestión controvertida es el número de magos.  Al rebuscar en las fuentes de información uno se pregunta cuántas cuestiones de este tipo habrán recibido un tratamiento similar.   Decíamos más arriba que existen representaciones de los magos en las catacumbas.  Efectivamente las pinturas reflejan en unos lugares dos y en otros cuatro magos.  La iglesia siria, aun hoy día, cree que eran 12 y los coptos elevaron la cantidad a 60 de los cuales se citan hasta los nombres de 15.  En la tradición cristiana precismática es Orígenes, en el siglo III, el primer escritor eclesiástico que afirma taxativamente que fueron 3.  Curiosamente este exegeta y místico fue posteriormente anatemizado ya que su compendio de dogmas “De principiis” contenía elementos peligrosos para “la nomenklatura” eclesiástica del tiempo.  Fue la época en la que se cerró la posibilidad de que hiciera teología todo aquel que no estuviera verdaderamente integrado en el sistema.  La Iglesia por su misma dinámica, cada vez más metida en lo temporal, se veía obligada a hacer limpieza de todos aquellos místicos y eremitas que pensaban de forma más o menos independiente (3). La semilla sembrada por Orígenes fructificó plenamente y en el siglo V, tan sólo doscientos años más tarde, toda la cristiandad acepta la suposición de que los Reyes Magos de Oriente eran 3.  Sus nombres aparecen por primera vez en el siglo IX, es en el “Liber pontificalis” de Rávena (845) y se les cita como Bithisarea, Melichior y Gathaspa.  Poco después Beda el Venerable en su “Collectanea” hace la siguiente descripción: “El primero de los reyes era Melchor, un anciano de larga cabellera y luenga barba. Fue él quien ofreció oro, símbolo de la realeza.  El segundo, llamado Gaspar, joven imberbe de tez blanca y rosada, honró a Jesús ofreciéndole incienso, símbolo de la divinidad. El tercero, llamado Baltasar, de tez oscura, testimonió ofreciéndole mirra, que significa que el hijo del hombre debía morir...”  A partir de este primer texto descriptivo se sucederán las representaciones artísticas, así, murales, vitrales y pinturas reflejarán con mayor o menor acierto las descripciones de Beda.  En el siglo XV Petrus de Natatibus les atribuye edad: 60 años para Melchor, 40 para Gaspar y 20 para Baltasar.   Hasta bien entrado el siglo XIV la tradición del origen persa de los Reyes Magos era muy fuerte, pero la descripción de Beda y la tez oscura de Baltasar, con el cambio de raza que ello supone, da pie a que los sermonarios de la época posterior a Beda comiencen a considerarlos como representación de los hijos de Noé: Sem, Cham y Jafet, que en el antiguo testamento simbolizan las tres razas humanas.  Baltasar representaría a África, Melchor a Europa y Gaspar a Asia.   Naturalmente el descubrimiento de América dejó esta interpretación un poco corta.  En algunos retablos del Brasil de la época colonial se puede ver un Baltasar vestido de jefe indio con jabalina emplumada.  

Finalmente está el fenómeno de la estrella que guió a los magos.  La tradición cristiana se limita a adjetivarlo de fenómeno sobrenatural, entroncando con la tradición mosaica, la cual nos habla de ciertas señales celestes que precederán al nacimiento del Mesías.  La tradición persa dice que era roja y que se desplazaba lentamente rozando las palmeras. Las leyendas bizantinas añaden que cuando concluyó su viaje estalló en mil pedazos dando lugar a todos los rubíes que hay en el mundo.  En el siglo XVIII, el astrónomo Johannes Kepler explicó el fenómeno de la estrella viajera como consecuencia de la conjunción de los planetas Júpiter y Saturno a su paso por la constelación de Piscis, un hermoso espectáculo celeste que pudo verse en esa época en Persia y Mesopotamia en las horas del crepúsculo (cuando se viaja en el desierto) y que se repetirá de nuevo en el año 2198.  Los reformistas (a los que nosotros llamamos protestantes) aceptan la hipótesis de Kepler pero no los católicos.  La última curiosidad es la relacionada con los juguetes.  Tan sólo es desde el siglo XIX que se instauró en España la costumbre (4) de pedir juguetes a los Reyes Magos.  En el resto de países de cultura cristiano-occidental (exceptuando los directamente influenciados por el colonialismo hispano), no existe tal costumbre, lo que quiere decir que los niños no viven el espíritu de la Navidad con la expectativa de que llegue el día de los Reyes Magos.  En estos países la Navidad se inicia directamente con los regalos, pero esa es una costumbre no relacionada con lo religioso, aunque tenga sus raíces en ello (5).  Efectivamente, en los países de influencia sajona existe una tradición que se remonta a la Edad Media y tiene que ver con San Nicolás de Bari, un obispo cristiano del siglo IV.  En los Países Bajos, dominados militarmente en el siglo XV por la corona española, existía la costumbre de festejar el día 6 de diciembre, San Nicolás, con regalos secretos a los niños que se ocultaban entre sus ropas, pertenencias y calzado. La leyenda decía que San Nicolás, Sinter Klass para los holandeses, llegaba desde España en un barco cargado de regalos que luego secretamente repartía.  Del Sinter Klass holandés derivó el Santa Klaus ingles y norteamericano del siglo XVIII, pero no fue hasta finales del siglo XIX que se popularizó la actual figura no religiosa de Papá Noel gracias a la pluma y la imaginación del norteamericano Thomas Nast, el cual cambió la mitra y el báculo del obispo por el traje rojo y el típico gorro con borla. El ingenioso dibujante también asignó nuevas costumbres al personaje, como la de llegar el día 24 de diciembre con sus renos procedente del polo norte con los juguetes y el de repartirlos bajando por las chimeneas pese a sus gorduras.

Como se puede ver la tradición hispana de los regalos el día de Reyes probablemente surgió a remolque de la costumbre sajona que de alguna manera paganizaba algo que previamente había tenido un cierto sentido religioso.   Los españoles quisieron ser, como de costumbre, mas papistas que el papa y se sacaron de la manga (como si fuera un truco de magia) las propiedades regalatorias de los Reyes Magos de Oriente.  Muchas generaciones de niños lo han agradecido y lo agradecerán.  Porque de ilusión también se vive, aunque sea un plagio. 

En nuestra familia Bau-Coll ya desde hace muchos años se dieron las circunstancias necesarias para trasladar el día de los regalos a la celebración de la Navidad. No hubo en ello un animo consciente de restar importancia a la Epifanía, seguro que no. Tampoco hubo pretensión de asimilarse a lo sajón. Evidente.  Ni siquiera se pretendió catalanizar un poquito nuestra vida familiar por aquello del “caga TIÓ caga turró si no et donaré un cop de bastó” (caga TIÓ caga turrón si no te daré un golpe de bastón). Tampoco fue por ese motivo.  Simplemente se impuso una cuestión practica: “si los niños tienen los juguetes por Navidad pueden jugar con ellos todas las vacaciones”.  Creo que este pragmatismo justifica plenamente el cambio de fechas para hacer regalos en familia.  

 Solo una última reflexión que conviene a todos (incluidos los que irán a Misa de Gallo y cantarán villancicos ante el Belén):  ojalá que entre todos sepamos transmitir a nuestros hijos que la importancia de la Navidad está en el encuentro familiar, en la concordia, en el cierre de una etapa y surgimiento de una  nueva, en el perdón de las ofensas, en el nacimiento de una nueva esperanza para unas intenciones renovadas,  en el aprecio -finalmente- que nos hacemos (que nos manifestamos en sinceridad) los unos a los otros y del cual los regalos son una simple y momentánea metáfora. Todo esto además de todo lo clásico. Aunque solo sea por un si acaso nuestros hijos tengan, así, más salidas a las contradicciones que han de vivir, futuramente, en el seno de una sociedad desacralizada (aunque no atea) en la que el abandono de la religiosidad tradicional no siempre se da en un contexto de evolución sino que a menudo es una involución disfrazada de modernidad.   

                                                                                                                              
Granollers, diciembre 91



1)  Epifanía: por sobre de lo que brilla, por sobre de lo mundano.  La Epifanía viene a representar el sometimiento del poder temporal al poder espiritual; el reconocimiento de los reyes hacia el Creador.
2)  “Nació Jesús en Belén de Judá en los días de Herodes el Grande. Y unos magos venidos de tierras de Oriente llegaron a Jerusalén preguntando: ¿Dónde está el rey de los judíos, que ha nacido?, pues vimos su estrella en el Oriente y venimos a adorarle” Mateo 7,23
(3) Tratando de ser  fieles al mensaje inicial del cristianismo primitivo y con una visión critica hacia el fasto y el poder  de una Iglesia  que surgía, a pesar de si misma, como producto de la oficialización imperial de la religión, fenómeno que había comenzado en tiempo de Constantino.
4) Hasta el siglo pasado no era fiesta de guardar, laboralmente hablando. Y la costumbre de hacer la carta a los Reyes Magos empezó a extenderse bien entrado el siglo XIX.  En algunas zonas fue sustituyendo, uniformizando, diferentes costumbres regalatorias preexistentes, como el “tió” en Catalunya.  
5) Casi todas las tradiciones regalatorias tienen su origen en costumbres pre-cristianas relacionadas con el fin de año y la celebración pagana del cambio de año.  Las leyendas religiosas vienen a sustituirlas y transformarlas.       





El viejo sillón de flores


El tapicero se dio vuelta para buscar la cuarta resma de tela a flores... su sonrisa hizo un breve descanso escondida tras las columnas del almacén.  Aquella señora le estaba poniendo la paciencia a prueba.  Cogió el siguiente pliego de ropa y maldijo a su primo que aquella misma mañana se había llevado el “monstruario”.   A la señora tampoco le gustó.
Volvió a la trastienda y le dio un sorbo al café, ya frio, que la clienta había interrumpido.  Sacó una resma nueva con flores y elevó un suplica al cielo.  Finalmente a la señora le encajó.  Acordaron que también tapizaría el puf a juego y después de hacerle cuatro números se despidieron hasta el día siguiente.  Recoger el sillón y el puf en su casa fue mucho más fácil.  La señora quiso saber cuando lo tendría listo.  Tres dias le dijo, y a ella le pareció mucho.  El tapicero no contestó, pero mientras bajaba por el montacargas masculló para si varias imprecaciones sobre la gente de Muntaner que creían que las cosas se hacen solas... pero lo dejó estar. No quería amargarse el día.


Tiempo después el viejo sillón ocupaba el espacio de la salita como el trono de una reina. Y es que la mamá reinaba desde su sillón de flores.  Todos pasamos por la antesala de los trueques. Por la sala de vistas de tanto conflicto que nunca salió de la salita.  De aquellas confidencias que fueron filtradas para que el rey no torciera el gesto o denegara su acuerdo.  Ella sabia como hacerlo desde su sillón.  Era una gran dama sin camarilla de ministros ni consejeros. Ella, en apariencia fácil de trato, iba siempre un paso por delante de todas nuestras intenciones, peticiones y mezquindades varias.  El viejo sillón fue en esas épocas de los 90 su único y fiel consejero.  En él reposaba la cabeza y rezaba por todos nosotros día tras día.  Allí incubó ella su resignación y su virtud.  En él aposentó durante años sus viejas posaderas, en otro tiempo lozanas y juguetonas, que no en vano había lucido presumidamente durante su época dorada.  El rey siempre sucumbió a sus encantos buen mozo como era.  Pero todo tiene un principio y un fin.  También lo tendría el viejo sillón al pasar los años.  No nos adelantemos.

Recuerdo con claridad muchas conversaciones en la salita.  Pero las imágenes que me vuelven siempre son las mismas.  La mamá leyendo un libro con el punto de media y las agujas aparcadas “para después”, mientras se ponía sus cassettes de música clásica. 

El viejo sillón aguantaba los años con resignación, mientras aprendía de los demás y de la tele...   Cuantos sesteos y cabezadas dio en el sillón?  Cuantos momentos difíciles tuvo que aguantar sentada en él? Cuantas confesiones con el padre Eugenio oyó el viejo sillón a lo largo de los años?  Nunca lo sabremos pero fueron muchas...

El viejo sillón acusó los años y empezó a renquear de una de sus patas traseras, la izquierda.  Recuerdo como lo reparé en Muntaner poniéndole un nuevo taco a una de las ruedecillas que facilitaban su desplazamiento.  Muchos años después  volvería a hacerlo con la ayuda de Pirgio, ya en mi casa, y sabiendo que era un ultimo intento para evitar su ocaso.

 El sillón siempre estuvo asociado a la mamá.  Pero también el papá refugió su cansancio vital en él durante años. Sobre todo hacia el final del invierno de su vida.

Pocas veces me senté, entonces, en el viejo sillón.  La que si recuerdo con emoción fue tu última madrugada papá. Sentado en él, que pasé en la salita con la puerta abierta de tu dormitorio, asistí a la sigilosa llegada de la Parca que te llevaría del brazito a la trascendencia.   Fue un breve atisbo, pero algo imparable se apoderó de tu tos agonizante que me hizo acudir a tu lecho, incorporarte para que respiraras mejor y abrazarte para infundirte el acompañamiento del traspaso.  Exhalaste tu último estertor en mis brazos apenas a unos metros del viejo sillón.

Y si, sentado en el viejo sillón fue como te pensaba cuando pocos días antes de dejarnos escribí unas lineas que ahora traigo al presente para alimentar nuestra memoria y la de los mas jóvenes que no te conocieron tanto como nosotros: los viejos hermanos que hoy nos reunimos. 

Dije entonces “No quiero despertar tu descanso.  Ayer tarde me quedé un largo rato a tu lado viendo como dormitabas.  Al pensar en tu vitalidad a la baja, pensé en mi propia existencia y envidié para mi unos ojos que atendieran mis semisueños finales como yo ahora hago contigo...”

Es difícil desprenderse de tanta costra de memoria como has acumulado viejo amigo, pero como sabes todo tiene su final.  Parece que en estos días se ventila tu ejecución, a falta de un indulto de ultima hora.  Puedes estar orgulloso de tu función y, si los sillones tienen sentimientos, estoy seguro de que afrontaras con resignación y orgullo tu paso a otra nueva vida, quizás reciclado en el punt net de Vilanova, vertedero que seguiremos visitando con regularidad y recordando tu fiel servidumbre a la familia durante tantos años.  Que así sea.


VNG 17 diciembre 2019

PD.  Había considerado varios finales para ti amigo entrañable... desde retapizarte, lo que haria perder tu querida piel de flores, y no sé si te hubiera gustado, hasta llevarte al vertedero, pero nunca hubiera imaginado, y eso que tengo imaginación de sobras, a veces demasiada, que el indulto de Diogenes te salvaria de pasar a otra vida.  Pero lo que para mi casi siempre es un inconveniente puede dar sorpresas como esta.  Finalmente seguirás con nosotros, a pocos metros de donde estas ahora, al otro lado del viejo muro de piedra que nos separa de nuestros suegros.  Es un buen Christmas Gift, no te parece?

1 - El reinado del dios Caos


Antes de que existiera el mundo con sus animales y plantas, mucho antes de que aparecieran sobre la tierra el hombre, los príncipes y los reyes, mucho antes de que descendieran de los cielos los héroes y los dioses.  Existían el oscuro vacío y el gran silencio. El gran universo estaba en desorden y reinaba el Caos sobre él.  Hasta que un día la oscuridad y el silencio se fueron espesando, como si echáramos polvo fino sobre las aguas, hasta formarse la Tierra que fue la primera diosa madre y se llamó Gea.   Algunos dicen que Gea fue solo la primera hija del Caos y un signo de su debilidad, pues el Caos al darse cuenta de que la luz y el orden acabarían con su reinado decidió alumbrar un hijo monstruoso que luchara siempre de su lado:  así nació en lo profundo de los rincones más oscuros de la tierra un dios primitivo y fiero que se llamó: el Tártaro.  El padre Caos, dios de lo desconocido y obscuro, pronto vio que sus dos hijos batallaban sin cesar y ninguna luz ni progreso veía desde su lejano trono.  Apenado por aquel panorama decidió alumbrar a un tercer dios que mediante alguna alianza deshiciera el empate.  Así nació Eros, el dios amoroso cuyo impulso creador hace nacer, en el corazón de dioses y hombres, el deseo de tener hijos. 

Entonces, influida por los consejos de Eros, fue cuando Gea pensó en formar un hogar y tener hijos.  Primero quiso poner en orden su casa, y hacer habitable la tierra.  Por eso arrancándole al Caos un trozo de su materia primitiva modeló con paciencia una bóveda que protegiera a la tierra. Ese cielo estrellado se llamó Urano.  El nuevo dios se hizo mayor y no solo puso techo a la tierra, sino que contuvo al aire respirable para que no se escapara hacia el Caos.   Viendo Gea que Urano tenía sus mismas proporciones y gustos, le pidió tener descendencia y se casó con él.   A la boda se presentó el dios Caos acompañado solo de Eros, pues el huraño Tártaro no quiso salir de sus guaridas.   Gea y Urano siguieron construyendo su morada y añadieron a las montañas altura y a los valles profundidad para dar cabida a toda su prole.  Pero el desorden del Caos todavía era muy grande y decidieron poner más orden en su hogar.  Al poco tiempo nacieron gemelos:  el Erebo y la Noche.  Crecieron juntos como hermanos pero no lo eran, tal como ahora lo entendemos, pues en aquellos tiempos no había nadie más.   Su tío Eros sopló los aire del deseo en el corazón de la pareja  y de sus amores nacieron el Eter y el Día.   El dios Eter viajó por la bóveda celeste en un vuelo eterno y el Día completó a la Noche, iluminando a lo invisible por un tiempo.  Desde aquella época antigua el Tártaro y su séquito de dioses salvajes, solo salieron de sus guaridas por la noche cuando el orden no se podía ver.  Pues el Tártaro, hijo oscuro del Caos, seguía amando con todas sus fuerzas la destrucción y el desorden, al contrario que sus hermanos Gea y Eros. 

Viendo el gran dios padre Caos que sus tres hijos se llevaban razonablemente bien y que cada cual reinaba en su lugar, decidió retirarse al más lejano de sus territorios y permitió al dios Urano convertirse en rey de todo el universo que sus descendientes conocían.

Así empezó el reinado del dios Urano que duró muchos siglos.  Pero esta es otra historia.

2 - La guerra de los Titanes y el nacimiento de Zeus

Crono devora a sus hijos. Goya
Zeus es el dios de la edad de los Hombres, que aparecieron sobre la Tierra mucho después de las luchas entre los dioses celestes,  pero su nacimiento fue precedido por la crueldad de su padre y de su abuelo… esta historia empieza con la Edad de las Luchas Titánicas. 

Asi pues, mucho tiempo antes de que Zeus viera la luz todo seguía su curso en la bóveda celeste llena de oscuro desorden, pues así era el reino del dios Caos. Pero cuando el viejo dios Caos se retiró, ese desorden cósmico fue lentamente convertido en guerra.  El reinado  de Urano, unido a Gea en matrimonio, se convirtió en una lucha entre sus descendientes que duró siglos.  Así y todo, se dice que su tiempo fue breve si lo comparamos con la inmensidad del tiempo universal. 

De Urano y Gea nacieron varias familias de dioses que muy pronto se enemistaron entre sí al perseguir todos la herencia del poder celeste.   Los primeros en llegar fueron la estirpe de los Titanes (Océano, Ceo, Crío, Hiperión, Jápeto y Crono) y sus hermanas las Titánides (Tía, Rea, Temis, Mnemósime, Febe y Tetis) que pelearon desde muy jóvenes entre si para descubrir que su fuerza unida los podía enfrentar con éxito a los Cíclopes, los gigantes de un solo ojo, y a los Centímanos, unos monstruos de cien manos. 

El corazón de Gea estaba triste viendo como sus descendientes peleaban un día sí y otro también.  Pero la diosa madre poco podía hacer para evitar la tragedia que seguiría después.   Mientras tanto, en la oscuridad de las tinieblas, el tio de Urano, el dios Tártaro, veía con gusto las luchas entre los dioses, que no hacia mas que alimentar con intrigas y mentiras para enfrentarlos entre sí. Tártaro era el dios del desorden y la maldad que se desprende de la materia oscura, digno hijo de su padre el dios Caos.

Los Titanes se fueron haciendo cada vez más fieros y temibles, pues eran los mayores, y cuando su fuerza llegó a la cima de todo su poder, decidieron asaltar, con la complicidad de las Titánides, el palacio real de Urano.  Su plan era destronar al dios celeste y ocupar su lugar.  Todos lucharon contra Urano, que ante el ataque solicitó con urgencia la ayuda de los Cíclopes y de los Centímanos.  La lucha se prolongó durante un tiempo que nadie recuerda, hasta que en una de las batallas, el más atrevido de los Titanes, el más sanguinario, Crono, el Titan más joven, consiguió cortarle los genitales al dios Urano con una hoz de diamante forjada en las montañas del Holocausto.  Urano, entre enormes gritos de dolor, se levantó hacia los cielos mientras sus partes caían veloces hacia el mar.   Gea, que contemplaba horrorizada lo que estaba sucediendo, se abalanzó sobre su marido Urano y se vio salpicada por su sangre, de la que nacerían tiempo después las Furias, unas diosas vengativas cuya misión celestial sería vengar los crímenes de familia  cometidos entre los dioses y, más tarde, entre los hombres.  Pero al caer al mar, el miembro cortado de Urano fecundó a las olas y se levantó enorme espuma en todo el mar conocido, justamente de esa espuma se engendró la más bella de las diosas:  Venus Afrodita, la hija póstuma del dios Urano.   Muchos millones de años más tarde Boticelli inmortalizó el nacimiento de Venus en un cuadro que se guarda en la galería de los Uffizi de Florencia.

Pero la semilla de Urano al caer al fondo del mar, levantó del limo a una raza dormida de guerreros que se llamaron los Gigantes.  Estos se alzaron hacia el cielo, de donde venia la semilla esparcida, y en su ascenso de las profundidades marinas arrastraron a las ninfas de las algas, también llamadas Mélides, que desde entonces habitaron en la tierra con los Gigantes.

Crono inició su reinado cruelmente, tal como era, y sin perder tiempo apartó de su cercanía a los Cíclopes y a los Centímanos echándolos al reino del Tártaro para que entre ellos lucharan y se contuvieran.  Repartió por la tierra y el mar al resto de los Titanes y se reservó para su palacio celestial a las Titánides a quienes cortejaba cuando sus ocupaciones se lo permitían. 

Pasó un tiempo y finalmente Crono se desposó con la Titánide Rea que era la más seductora de las seis hermanas.  De la unión nacerían nuevos dioses, algunos de enorme bondad y otros de temible poder.  Pero Crono no vivía tranquilo, pues no queria correr la suerte de su propio padre y ser destronado por sus hijos.  Aterrorizado por el fantasma de su propio pecado exigió a Rea que le fuera entregando a sus hijos así que nacieran y los iba devorando enterrándolos para siempre en su abultado vientre. 

Rea, desesperada al ver como su descendencia desaparecía a pesar de sus esfuerzos, ideó una treta para engañar a Crono.  Al parir a su sexto y último hijo, a Zeus, que el destino quiso fuera el sucesor de su padre, le entregó una piedra en lugar de darle al niño.  Este fue ocultado en una cueva y amamantado por una cabra que se llamaba Amaltea.  Pasó su primera infancia escondido con la ayuda de los Coribantes, que eran unos guerreros semidioses que tenían la costumbre de danzar entrechocando sus escudos y armando mucho ruido, sonido que ocultaba los llantos del pequeño Zeus por no tener cerca a su madre. Por fortuna Zeus era fuerte y no necesitó muchos cuidados, (es de todos sabido que los dioses no necesitaban vacunarse y que por ello no existian, todavia, los pediatras) pero, a medida que crecía en estatura, su odio hacia el padre asesino de sus hermanos fue creciendo en él como la mala hierba y ya solo vivió para vengarse.  Pero esta es otra historia.

3 - Zeus y la guerra de los Gigantes

Lo que sucedió es que Zeus creció y se fortaleció en la Tierra, y al comprender que solo con su única fuerza no podría destronar a Crono buscó aliados para su asalto a los cielos.  Primero visitó a Gea, que como sabemos era la esposa de Urano, castrado por Crono, así que estaba dispuesta a ayudar a Zeus en su cruzada.  Gea aconsejó a Zeus que se aliara primero con una de sus hijas la Titánide Metis, diosa de la inteligencia.  Zeus disfrazado para no ser reconocido en el cielo, acudió secretamente al encuentro de la diosa Metis, que era una de sus tías y hermana de su padre.  El encuentro fue del agrado de Metis que  como mujer no podía aprobar lo que había hecho su hermano Crono con su descendencia.  Puso algunas condiciones a Zeus, que después éste no cumplió, y que más adelante conoceremos, pero finalmente le concedió la formula para preparar una pócima que tragada por Crono le haría vomitar a sus hijos, devolviendolos a la vida.   Zeus viajó al encuentro de una maga que se llamaba Iride, la cual habitaba cerca de una laguna que después se conoció como la laguna Estigia.  Iride tenía los ojos blancos como la leche y era asistida por un cuervo también blanco que hablaba por ella, pues Iride no tenía boca al haberla castigado Crono por no haberle preparado bien un veneno para matar a sus hermanos cuando eran jóvenes.   Iride, o mas bien su cuervo, explicó estas cosas a Zeus el cual presentó la formula de la pócima que le había dado Metis. Enseguida y  con gran deseo de venganza la maga Iride preparó la poción y sin condición alguna se la regaló a Zeus. 

Con la poción en su poder Zeus encaminó sus pasos de nuevo al cielo en busca de su madre Rea, a la que encontró llorando en el jardín de las Hespérides, que como sabemos eran las hijas del titán Atlas.  Explicado el plan de Zeus, Rea consideró fácil engañar a su esposo mezclandole en la ambrosía, que bebía por las noches, la pócima de Metis.  Pocos días después sucedió que Crono cayó enfermo con grandes dolores de parto y lamentaciones que hacían temblar el cielo.  Se avisó al centauro Quiron que era el medico de la corte celestial y este, que adivinó rápidamente lo que iba a  suceder, veló la cara del rey para que no viera a los hijos, que uno tras otro fue vomitando entre grandes agonías.  Con ayuda de Rea, el centauro ocultó en sus alforjas a los hijos revividos y los llevó lejos del palacio en donde fueron criados por sus ayudantes y la supervisión de Zeus, que siendo el menor fue el mayor de todos sus hermanos.  

Crono y Rea tuvieron 6 hijos, 3 varones y 3 hembras.  La mayor fue Hestia, le siguieron Hades, Poseidón, Demeter, Hera y Zeus. 

Zeus ya tenía un pequeño ejército pero todavía no el suficiente poder para enfrentarse al dios Crono, así que buscó de nuevo el consejo de Gea, la diosa madre de la tierra.  La madre de los propios Titanes comprendió que estos eran casi invencibles si se ponían a favor de su hermano Crono, así que tuvo la idea de pedir a Zeus que liberara a los Cíclopes y Centímanos de la prisión oscura en que los tenía sujetos el Tártaro.  La empresa no era fácil pero el valor de Zeus, Hades y Poseidón lo hicieron posible, matando al monstruoso Campe que era su carcelero. 

Los Cíclopes agradecidos por ser libres decidieron apoyar a Zeus en su batalla por el poder celeste y le hicieron entrega de las armas que ya jamas abandonaría, el rayo destructor y el relámpago cegador, las armas más poderosas de entre todas las conocidas.   También equiparon para la batalla a Hades, al cual entregaron un yelmo que lo hacia invisible, y a Poseidón, dios del mar, su tridente que lo hacia invulnerable a cualquier arma.  Finalmente algunos de los Titanes, viendo el poderoso ejército que Zeus reunía, decidieron combatir a su lado, y en contra de sus propios hermanos, éste fue el caso de Prometeo hijo de Japeto y Asia, pero hubo otros que también lucharon al lado de sus antiguos enemigos, los Cíclopes y Centímanos. 

Finalmente la batalla se desencadenó con gran estruendo del cielo y de la tierra. Todo retembló  bajo el poder de las fuerzas enfrentadas y no hubo un solo rincón de la tierra que no probara el fuego, el poder del rayo y la fuerza del agua, que desatada por Océano intentaba apagar el fuego encendido por Zeus.  Los Centímanos asediaban el Olimpo lanzando enormes piedras con cada una de sus cien manos mientras los Cíclopes pisoteaban a las tropas auxiliares de Crono que después de 10 años de duros combates acabaron huyendo del monte Olimpo, abandonando a Crono que finalmente fue castigado, con el resto de los Titanes que le habían seguido, a ser encadenados y expulsados para toda la eternidad al reino del Tártaro.  Siguiendo así la suerte que ellos mismos habían impuesto a sus hermanos Cíclopes y Centímanos. 

Al ocupar el poder Zeus, decidió sabiamente repartirlo entre sus tres hermanos. Así concedió a Poseidón el dominio absoluto sobre los mares.  A Hades el reino del inframundo,  allí a donde van los muertos.  Se reservó para sí el reino de los Cielos, y juntos compartieron la Tierra.  Pero si bien concedió un gran poder a sus hermanos se guardó de ceder la sede que se había establecido en el Monte Olimpo, y desde entonces reinó, junto a sus hermanos en su palacio, tomando como esposa a su hermana la diosa Hera.

Poco duró la tranquilidad pues Gea había sido ofendida, y Metis engañada, al no verse cumplida una de sus condiciones:  la de ser la primera esposa de Zeus. Secretamente madre e hija, buscaron una alianza con los Gigantes, que eran mucho más numerosos que los Titanes, los Cíclopes y los Centímanos juntos.  Tantos eran los Gigantes que no se podían nombrar como no se pueden nombrar todas las estrellas del cielo.  Reunido el ejército éste atacó inesperadamente al Olimpo y se engendró la batalla final y más grande que la Tierra hubiera visto.  Al mando del ejército que se oponía a Zeus, Gea puso al monstruoso Tifón, un ser que engendró ella misma con unos huevos fecundados por el propio Urano.  Tifón era una criatura horrenda, destructiva y enorme, mitad serpiente y que tenía cien cabezas de dragón.  Sus mil brazos generaban tal corriente de aire, cuando los ponía en movimiento, que no respetaba ni rocas ni fortalezas. Los dioses eran arrastrados por su turbulencia y debían de huir.   De hecho Zeus, Hades y Poseidón escaparon del Olimpo asediado, para preparar su estrategia y se escondieron en un lugar de la tierra que Tifón no conocía.  Con la ayuda de una estratagema le engañaron ofreciendole un singular banquete como si fueran pescadores, pero mientras dormía la envenenada digestión, le atacaron conjuntamente y consiguieron reducirlo.  Fue encadenado y arrojado al fondo del volcán Etna desde donde todavía ruge de vez en cuando con gran enfado.  Las miríadas de Gigantes quedaron sin dirección y fueron fulminadas por las fuerzas conjuntas del rayo y el mar, siendo sepultados para siempre en lo más profundo del reino de Hades, el inframundo del que nadie vuelve,  excepto algunos pocos entre los que se cuentan Orfeo en busca de su amada Eurídice, Ulises o el propio Hércules.  Pero eso es otra historia.