Cuentan algunos que los pesares de Zeus no tenían fin con los hombres de por medio. Y sucedió que estos, desde la aparición de las mujeres, descubrieron el sexo y, como no tenían moderación ni juicio suficientes, cayeron en el vicio. Sus celebraciones y fiestas de todo tipo eran un escándalo continuado y los dioses apenas podían descansar pues los gritos de los placeres llegaban hasta los cielos. Viendo que los hombres y mujeres no solo se apareaban entre ellos sino que también lo hacían con sus iguales, convocó una gran reunión de dioses en el Olimpo.
Habló Zeus con su atronadora voz para decir:
- Os he reunido para saber que podemos hacer con los hombres que pueblan la tierra a fin de que cese tanto alboroto y podamos descansar aquí en el cielo.
Marte fue el primero en hablar y dijo:
- Oh Zeus, padre de todos los dioses, deja que lleve la guerra hasta ellos y perezcan luchando hermano contra hermano, hombre contra mujer y padres contra hijos.
- Ciertamente eso merecen, pero el castigo acabaría con la raza humana y no es todavía su hora, dijo Zeus.
- Encendamos un fuego eterno en cada montaña para que les entre el temor a morir y así cesarán en sus orgías, dijo Vulcano.
- Inundemos la tierra con el océano, dijo Poseidon…
Y así, uno tras otro fueron deseando a cual peor pesadilla para la raza humana. Al fin se levantó Metis, que era la diosa de la inteligencia y que todavía no había sido tragada por Zeus, como sucedió más tarde, para decir:
- Oh amado Zeus, por que no lanzas tu rayo sobre ellos para unir a los que en abrazo están unidos y convertirlos en redondos seres que recuerden a los planetas de los que tomaron sus cualidades…
- Bien pensado, dijo Zeus divertido, podríamos hacerlos seres de cuatro piernas, cuatro brazos y dos cabezas, una mirando adelante y otra atrás. Avanzarían sobre sus piernas en una u otra dirección y tendrían el doble de entendimiento que uno solo de los hombres actuales. No buscarían el sexo pues estarían unidos a quien han deseado y se acabarían nuestras noches en blanco.
Y así fue como, dando por acabada la reunión celeste, Zeus lanzó su rayo hacia la tierra. Al resultado de la fusión de quienes estaban abrazados entre si, la llamó Andrógino. Y de esa fusión surgieron tres sexos y no dos como hasta entonces. Aquellos que habían buscado unirse con el sexo opuesto fueron andróginos complementarios, en ellos había la parte masculina que la daba el sol y la parte femenina que la daba la tierra, aunque a partir de entonces el conjunto fue influido por la luna. Mientras que aquellos andróginos que eran dos mitades masculinas siguieron bajo el influjo de lo solar y los andróginos que estaban formados por dos mitades femeninas lo fueron por la madre tierra. Todos tenían lo que querían y Zeus pudo descansar.
Pero la paz no duró mucho. Pronto los andróginos fueron redondeándose a medida que practicaban la marcha sobre sus ocho miembros, pues si andaban lo hacían normalmente sobre sus piernas, pero al lanzarse a la carrera se hacían una bola y usaban, como los saltimbanquis, todas sus extremidades. Tal era el vigor, fuerza y velocidad que adquirieron que se volvieron altaneros y soberbios, tentando con su arrogancia nuevamente a los dioses.
Después de bastantes generaciones, y cuando los andróginos ya cubrían la tierra y amenazaban con abandonar el culto a sus dioses celestes, Zeus se reunió con Metis en el palacio de ésta, para reñirla por sus extravagantes ideas, pues había creado un problema mayor al querer resolver otro. De vuelta a su trono convocó a Poseidon y acordaron un plan: Zeus mandaría a su rayo para disolver a los andróginos que había unido y Poseidon enviaría a los mares a batir contra la tierra a fin de castigar a los hombres, revolverlos en sus moradas sin llegar a destruirlas y darles escarmiento como aviso. Mientras estaban reunidos tramando su plan se presentó Hermes con sus pies alados y participó de ella diciendo:
- Oh Zeus, padre de todos los dioses, has pensado que la culpa de que los hombres no tengan entendimiento, moderación y juicio sea nuestra al no haberles dado estas cualidades?
- Has hablado con sabiduría Hermes. Tienes razón, quizás podríamos hacer algo para reparar nuestro olvido. ¿Que propones?
- Los hombres conviven ahora en ciudades desde que la mujer deseó tener su hogar y no compartirlo con los animales del bosque. Es complicada su vida sin un arte que les rija las desavenencias, así pues, en primer lugar hagamos entrega de algunas cualidades o dones que mejoren este aspecto.
- Cierto, dijo Zeus, seguramente necesitan el arte de la política. Y para auxiliarlos le daremos también dos dones imprescindibles que son la justicia y la decencia.
Y también seria bueno darles otras habilidades como el arte, la poesía, la música…
- Si, si, pero no corras tanto, que en otra ocasión ya hice un encargo y me salió mal. Verás Hermes, puedes distribuir al azar las habilidades que tú, Afrodita, las Musas y Atenea queráis, pero ha de quedar claro que la decencia y la justicia, han de ser donados por un igual a todos los hombres y mujeres sin distinción para que todos tengan el mismo derecho a practicar el arte de la política. Esa es mi condición al encomendaros la mejora de los hombres. Cumplid con mi voluntad. Que yo les volveré a dividir en dos mitades con mi rayo y les devolveré a su anterior estado.
Desde aquel momento tomó sentido aquello de que 'te parta un rayo'. Y asi fue como eternamente los que resultaron divididos buscan siempre a su otra mitad.
Y Hermes salió de palacio dispuesto a cumplir con los designios de Zeus. Lo que sucedió después es otra historia.
Si la reflexión puede llevarnos al ovillo del que tejeremos nuestra vida, el cuento, el relato y la historia ficcionada abren nuestra imaginación y nos acercan –en un vuelo mágico–, a donde ninguna reflexión nos llevaría...
6 - El Vellocino de Oro
Cuando Pandora abrió la caja que los dioses habían prohibido tocar, salieron de ella 5 de los más temibles castigos para la humanidad: la guerra, las enfermedades, el hambre, el dolor y el trabajo. Dicen que solo quedó una cosa dentro de la caja, la única buena, pues Pandora al ver que tantos males salían de ella la cerró enseguida: fue la esperanza. La historia de la vida de Jasón tiene algo que ver con ello, pues sin esperanza hasta los más nobles acaban en grandes sufrimientos.
Pasaron muchos, muchos siglos y la tierra se acabó poblando del todo. Pero hubieron de pasar muchos reyes por los tronos hasta llegar a la época en la que nació Jasón, el heredero del reino de Yolco. Erase pues una vez un rey que se llamaba Esón que no le gustaba el oficio de rey y prefería ser músico, así que cansado de gobernar, pidió a su hermano Pelias que tomara el trono hasta la mayoría de edad de su hijo Jasón. Pelias era ambicioso y gobernó durante años con avaricia enriqueciendo a su casa y a sus descendientes. Como todos los avaros, temía por que la abundancia se acabara algún día y fue a consultar al oráculo del templo sobre su futuro. El adivino le previno contra un extraño que llegaría a su reino portando solo una sandalia en el pie derecho. Pelias siguió gobernando con codicia pero advirtió a todos los guardianes de sus fronteras que estuvieran vigilantes sobre el calzado de cualquier extranjero que pasara.
Mientras tanto lejos de allí, en unas colinas cercanas al Olimpo, Jasón crecía y aprendía con su tutor que no era otro que el sabio centauro Quirón. Al cumplir la mayoría de edad Jasón hubo de volver a su patria y se vistió con cierto disimulo pues no sabia como sería recibido. En su viaje hacia el reino de Yolco pasó por el río Sigrates que era la frontera. En dicho río, Pelias había destacado a una serpiente de agua monstruosa con el encargo de no dejar pasar a nadie. Jasón buscó un puente y al no encontrarlo decidió atravesarlo por unas piedras que flotaban, y, sin saber que eran tortugas, empezó a caminar sobre ellas. Al momento se le apareció la serpiente y Jasón que no temía a nada ni a nadie, la enfrentó con sus dos lanzas. Lucharon todo un día y una noche, saltando de tortuga en tortuga y guardando el equilibrio. Finalmente consiguió matar a la serpiente pero en el ultimo salto hacia la orilla, el monstruo herido de muerte consiguió arrebatarle la sandalia del pie izquierdo. Siguió Jasón su camino hasta llegar a la ciudad donde vivía su padre retirado con su música. Esón le explicó que su tío Pelias reinaba como un tirano y que no sería fácil recuperar el trono al que su nacimiento le daba derecho. Así, al sexto día de llegar, Jasón fue a la capital del reino a reclamar lo que era suyo. Al verlo, Pelias desconfió, pues le habían advertido de que era el extranjero que llevaba un sola sandalia, y, buscando su perdición, le dijo que solo le devolvería el trono si superaba una prueba que demostrara su valor de futuro rey. Debería rescatar la piel del Vellocino de Oro, un cordero mágico y volador que era custodiado por dos toros de fuego y un dragón, pues un rey anterior de Yolco lo había regalado al rey de la Colquide. Jasón decidió afrontar la empresa y para ello reclutó a cincuenta guerreros y se hizo construir el barco más rápido que hasta entonces había existido. Bautizó al buque con el nombre de Argo, que quiere decir el más veloz, y a los cincuenta remeros-guerreros los llamaron desde entonces Argonautas.
La Colquide era un reino muy lejano, situado más allá del estrecho de las Rocas Azules, cuando el mar se vuelve Negro. En él reinaba Eates y tenía una hija, Medea, que era maga. Pero las aventuras de Jasón y los Argonautas todavía no habían comenzado.
Cuando llevaban varias semanas navegando hacia el estrecho, se detuvieron para tomar agua y víveres en el reino de Fineo, cuyo país estaba siempre hambriento por que tenia la maldición de las arpías contra él. Al solicitar comida, Fineo les respondió que no sería posible porque las arpías, monstruos voladores con aspecto de aves y pechos de mujer, azotaban el reino como una plaga llevándose todo lo que fuera comestible y lo que no podían llevar consigo lo corrompían. Delante de tanta desgracia Jasón consultó con sus guerreros y le propusieron a Fineo luchar contra las arpías la próxima vez que vinieran por los aires. Esperaron unos días y finalmente las hordas de arpías volvieron, la lucha fue terrible pero las lanzas de Jasón, con las flechas y espadas de sus guerreros consiguieron acabar con todas las arpías. Fineo, agradecido, les hizo entrega de una paloma con la que salvarían la nave al pasar por el peligroso estrecho que debían superar. Al llegar allí engañaron a las rocas soltando a la paloma que murió en el acto al moverse las rocas y aplastarla. Aprovecharon que el estrecho volvía a su posición para atravesarlo velozmente. Siguieron viaje por el mar Negro, la luz se hizo muy tenue y pasaron varias semanas navegando a ciegas pero finalmente llegaron a la Colquide. Fueron recibidos como visitantes nobles y se acomodaron en un palacio que les prestó el rey.
Durante la noche se produjo un encuentro, en el Olimpo, entre la diosa Hera y la diosa Atenea, las cuales querían favorecer a Jasón para que volviera a reinar. Viendo que solo Afrodita podía tener la solución al problema, pidieron a la diosa que usara a su hijo Cupido para inyectar el deseo hacia Jasón en la hija del rey. Afrodita aceptó y envió al pequeño arquero el cual certeramente atravesó con su flecha el corazón de Medea. Así sucedió que, aunque el rey de la Colquide se opuso a las intenciones de Jasón, Medea influyó en su padre por amor, haciendo que aquel aceptara el trato con una condición. Le devolvería al reino de Yolco lo que era suyo si Jasón conseguía matar al dragón, arrancarle los dientes y después sembrarlos en un campo que debería arar con los toros de fuego que custodiaban el vellocino. Jasón, valiente como era aceptó el trato, pero lo que no sabia pues el rey se lo ocultó, es que de los dientes de dragón sembrados saldrían cien guerreros poderosos a los que tendría que combatir y ganar.
Llegó de nuevo la noche y Medea se coló en los aposentos de Jasón para seducirlo. Ella le declaró sin vergüenza su amor y le hizo prometer que la llevaría consigo de vuelta a su reino. Al principio Jasón se resistió pero la maga era muy poderosa y acabó aceptando. A cambio de su promesa Medea le dio una poción mágica que cubriendo su cuerpo le protegería del fuego de los toros y una piedra, también mágica, que lanzada contra los guerreros surgidos de la tierra haría que se mataran entre ellos. Y así sucedió, Jasón triunfó ante la extrañeza del padre de Medea que no entendía como había podido salvarse de tanta adversidad. Superada la prueba le acogió en su propio palacio y le hizo entrega del Vellocino de Oro, sin embargo secretamente planeaba matarlo por la noche con la ayuda de su guardia.
Medea, sabiendo lo que su padre planeaba, huyó esa noche de palacio con Jasón y su propio hermano y navegaron con los argonautas con gran rapidez por el mar Negro. Las naves del rey de la Colquide eran mucho más ligeras que el Argo, y a pesar de que en cada una iban pocos guerreros, eran centenares, así que pronto vio Jasón que serian atrapados. Medea, que no reparaba en maldades con tal de salirse con la suya, decidió matar a su propio hermano y echarlo al mar en pedacitos, así su padre hubo de detener la persecución para recoger los trozos del hijo que iba encontrando.
Después de muchas peripecias salieron a nuestro mar y llegaron al reino de Yolco en donde Jasón reinó felizmente con su esposa Medea de la que tuvo dos hijos que tendrían un fatal destino. Pero esa es otra historia.
Pasaron muchos, muchos siglos y la tierra se acabó poblando del todo. Pero hubieron de pasar muchos reyes por los tronos hasta llegar a la época en la que nació Jasón, el heredero del reino de Yolco. Erase pues una vez un rey que se llamaba Esón que no le gustaba el oficio de rey y prefería ser músico, así que cansado de gobernar, pidió a su hermano Pelias que tomara el trono hasta la mayoría de edad de su hijo Jasón. Pelias era ambicioso y gobernó durante años con avaricia enriqueciendo a su casa y a sus descendientes. Como todos los avaros, temía por que la abundancia se acabara algún día y fue a consultar al oráculo del templo sobre su futuro. El adivino le previno contra un extraño que llegaría a su reino portando solo una sandalia en el pie derecho. Pelias siguió gobernando con codicia pero advirtió a todos los guardianes de sus fronteras que estuvieran vigilantes sobre el calzado de cualquier extranjero que pasara.
Mientras tanto lejos de allí, en unas colinas cercanas al Olimpo, Jasón crecía y aprendía con su tutor que no era otro que el sabio centauro Quirón. Al cumplir la mayoría de edad Jasón hubo de volver a su patria y se vistió con cierto disimulo pues no sabia como sería recibido. En su viaje hacia el reino de Yolco pasó por el río Sigrates que era la frontera. En dicho río, Pelias había destacado a una serpiente de agua monstruosa con el encargo de no dejar pasar a nadie. Jasón buscó un puente y al no encontrarlo decidió atravesarlo por unas piedras que flotaban, y, sin saber que eran tortugas, empezó a caminar sobre ellas. Al momento se le apareció la serpiente y Jasón que no temía a nada ni a nadie, la enfrentó con sus dos lanzas. Lucharon todo un día y una noche, saltando de tortuga en tortuga y guardando el equilibrio. Finalmente consiguió matar a la serpiente pero en el ultimo salto hacia la orilla, el monstruo herido de muerte consiguió arrebatarle la sandalia del pie izquierdo. Siguió Jasón su camino hasta llegar a la ciudad donde vivía su padre retirado con su música. Esón le explicó que su tío Pelias reinaba como un tirano y que no sería fácil recuperar el trono al que su nacimiento le daba derecho. Así, al sexto día de llegar, Jasón fue a la capital del reino a reclamar lo que era suyo. Al verlo, Pelias desconfió, pues le habían advertido de que era el extranjero que llevaba un sola sandalia, y, buscando su perdición, le dijo que solo le devolvería el trono si superaba una prueba que demostrara su valor de futuro rey. Debería rescatar la piel del Vellocino de Oro, un cordero mágico y volador que era custodiado por dos toros de fuego y un dragón, pues un rey anterior de Yolco lo había regalado al rey de la Colquide. Jasón decidió afrontar la empresa y para ello reclutó a cincuenta guerreros y se hizo construir el barco más rápido que hasta entonces había existido. Bautizó al buque con el nombre de Argo, que quiere decir el más veloz, y a los cincuenta remeros-guerreros los llamaron desde entonces Argonautas.
La Colquide era un reino muy lejano, situado más allá del estrecho de las Rocas Azules, cuando el mar se vuelve Negro. En él reinaba Eates y tenía una hija, Medea, que era maga. Pero las aventuras de Jasón y los Argonautas todavía no habían comenzado.
Cuando llevaban varias semanas navegando hacia el estrecho, se detuvieron para tomar agua y víveres en el reino de Fineo, cuyo país estaba siempre hambriento por que tenia la maldición de las arpías contra él. Al solicitar comida, Fineo les respondió que no sería posible porque las arpías, monstruos voladores con aspecto de aves y pechos de mujer, azotaban el reino como una plaga llevándose todo lo que fuera comestible y lo que no podían llevar consigo lo corrompían. Delante de tanta desgracia Jasón consultó con sus guerreros y le propusieron a Fineo luchar contra las arpías la próxima vez que vinieran por los aires. Esperaron unos días y finalmente las hordas de arpías volvieron, la lucha fue terrible pero las lanzas de Jasón, con las flechas y espadas de sus guerreros consiguieron acabar con todas las arpías. Fineo, agradecido, les hizo entrega de una paloma con la que salvarían la nave al pasar por el peligroso estrecho que debían superar. Al llegar allí engañaron a las rocas soltando a la paloma que murió en el acto al moverse las rocas y aplastarla. Aprovecharon que el estrecho volvía a su posición para atravesarlo velozmente. Siguieron viaje por el mar Negro, la luz se hizo muy tenue y pasaron varias semanas navegando a ciegas pero finalmente llegaron a la Colquide. Fueron recibidos como visitantes nobles y se acomodaron en un palacio que les prestó el rey.
Durante la noche se produjo un encuentro, en el Olimpo, entre la diosa Hera y la diosa Atenea, las cuales querían favorecer a Jasón para que volviera a reinar. Viendo que solo Afrodita podía tener la solución al problema, pidieron a la diosa que usara a su hijo Cupido para inyectar el deseo hacia Jasón en la hija del rey. Afrodita aceptó y envió al pequeño arquero el cual certeramente atravesó con su flecha el corazón de Medea. Así sucedió que, aunque el rey de la Colquide se opuso a las intenciones de Jasón, Medea influyó en su padre por amor, haciendo que aquel aceptara el trato con una condición. Le devolvería al reino de Yolco lo que era suyo si Jasón conseguía matar al dragón, arrancarle los dientes y después sembrarlos en un campo que debería arar con los toros de fuego que custodiaban el vellocino. Jasón, valiente como era aceptó el trato, pero lo que no sabia pues el rey se lo ocultó, es que de los dientes de dragón sembrados saldrían cien guerreros poderosos a los que tendría que combatir y ganar.
Llegó de nuevo la noche y Medea se coló en los aposentos de Jasón para seducirlo. Ella le declaró sin vergüenza su amor y le hizo prometer que la llevaría consigo de vuelta a su reino. Al principio Jasón se resistió pero la maga era muy poderosa y acabó aceptando. A cambio de su promesa Medea le dio una poción mágica que cubriendo su cuerpo le protegería del fuego de los toros y una piedra, también mágica, que lanzada contra los guerreros surgidos de la tierra haría que se mataran entre ellos. Y así sucedió, Jasón triunfó ante la extrañeza del padre de Medea que no entendía como había podido salvarse de tanta adversidad. Superada la prueba le acogió en su propio palacio y le hizo entrega del Vellocino de Oro, sin embargo secretamente planeaba matarlo por la noche con la ayuda de su guardia.
Medea, sabiendo lo que su padre planeaba, huyó esa noche de palacio con Jasón y su propio hermano y navegaron con los argonautas con gran rapidez por el mar Negro. Las naves del rey de la Colquide eran mucho más ligeras que el Argo, y a pesar de que en cada una iban pocos guerreros, eran centenares, así que pronto vio Jasón que serian atrapados. Medea, que no reparaba en maldades con tal de salirse con la suya, decidió matar a su propio hermano y echarlo al mar en pedacitos, así su padre hubo de detener la persecución para recoger los trozos del hijo que iba encontrando.
Después de muchas peripecias salieron a nuestro mar y llegaron al reino de Yolco en donde Jasón reinó felizmente con su esposa Medea de la que tuvo dos hijos que tendrían un fatal destino. Pero esa es otra historia.
7 - Los amores de Zeus
Zeus es el origen de dioses, héroes y hombres, debido a una actividad amorosa que parecía no tener fin. Instalado en el Olimpo después de ordenar el reino celeste y de dejar claro quien mandaba, se dedicó a cortejar a diosas y princesas humanas con las que tuvo gran descendencia.
En primer lugar se enamoró de Metis, la diosa de la inteligencia, pero fue un arreglo que le convenía, pues a su lado pudo adquirir habilidad para gobernar a los dioses. Sin embargo pasado un tiempo Zeus comprobó que ya no podía aprender más de la diosa y que no toda la sabiduría e inteligencia de Metis le era aprovechable. Consultó con su abuela Gea y con Urano, los cuales le advirtieron del peligro de ser destronado por algún hijo de Metis que heredara las cualidades de la diosa. Para evitarlo debía de tragársela y así, no solo absorbería sus cualidades, sino que alejaría el peligro de un sucesor demasiado listo. Sin pensarselo dos veces se la tragó, pero resultó que Metis se había quedado embarazada previamente y estaba en gestación así que poco tiempo después Zeus despertó con enormes dolores de parto en su cabeza, y después de siete noches de grandes migrañas, de su cabeza nació una niña preciosa que se llamó Atenea.
Pero Zeus era todavía muy joven para no tener esposa fija, y Temis, la diosa de la justicia, siempre le había parecido atractiva y justa. Así que se casó con ella y tuvo a las Horas y a las Moiras que concedían a los hombres la felicidad o la desgracia. Pero pronto las Horas y las Moiras crecieron y Zeus comprobó que no era suficiente descendencia, aunque en realidad era un excusa para irse a buscar alguna amante, pues Temis era bastante aburrida y él era un mujeriego. Así fue como, en uno de sus muchos viajes al reino de Poseidón, conoció a una de sus hijas, a Océano, de gran belleza, de la cual se enamoró perdidamente a primera vista. Dicen que Eros intervino, pues Océano era tan creída de su belleza que nunca le parecían suficiente los partidos que se le presentaban y por ello fue castigada a corresponder al amor de Zeus. Sus amores duraron muchos años, pero como no era una cosa oficial, los hijos que tuvieron nunca fueron vistos en el Olimpo. De Océano se sabe que tuvo al menos a las tres Gracias, a cual más bella, pero ninguna más hermosa que su propia madre.
Pasó el tiempo y un buen día, paseando por el Olimpo, vio entreabierta la puerta de los aposentos de la diosa Demeter, que ya era madre y estaba en la plenitud de su feminidad. La vio tan bella mientras dormía medio desnuda que no resistió la tentación de colarse en su lecho. Demeter no solo no lo rechazó sino que le gustó el atrevimiento y así fue como se hicieron amantes y de sus amores nació Perséfone, la de eburneos brazos, y de escultural presencia. La vida de esta diosa fue complicada pues al salir de la adolescencia era tan atractiva que Zeus se enamoró de su propia hija, sin embargo Demeter para evitar mayores males la mandó a una isla lejana y allí la retuvo alejada del Olimpo para que no tentara a Zeus. Pero un día, el hermano de Zeus, Hades, la vio recogiendo flores y se enamoró de ella al extremo de raptarla para llevársela al reino subterráneo de donde no regresa nadie, bueno, solo unos pocos. La hizo su esposa contra la voluntad de la madre, Demeter, la cual lloró tanto su desgracia a Zeus que al final este intervino para que Hades la devolviera. Pero el astuto Hades se había prevenido contra esta posibilidad y le había dado a comer a Perséfone el fruto de una granada infernal que hacia imposible su regreso, pues es sabido que quien prueba el alimento del Hades no puede volver entre los vivos. Al saberlo Demeter, cogió tal rabieta y enfado que declaró una gran hambruna en la tierra haciendo que los cereales y los cultivos se secaran, no en vano era la diosa de la agricultura. Zeus, que ya estaba más que harto de esta historia, volvió a pactar con su hermano una solución y al final decidieron que Perséfone pasaría la primavera y el verano con su madre y el resto del año con su esposo. Desde entonces los cultivos solo prosperan en las estaciones cálidas para recordar al mundo la traición que cometió Hades al casarse con Perséfone sin consentimiento de su madre.
Zeus pasada la crisis familiar de Demeter, se tomó un descanso y decidió ser más formal, cosa que no duraría mucho, así fue como se desposó con Hera en la boda más impresionante que jamás volvió a ver el Olimpo. Hera se convirtió así en la diosa consorte oficial y desde entonces reina al lado de Zeus. Pero Hera, que es la diosa del hogar, no era fácil de engañar, y Zeus delante de ella casi nunca se atrevía a levantar la voz porque la cólera de Hera y sus venganzas por infidelidad eran terribles. Con ella tuvo Zeus a dos de sus hijos más queridos, a Hebe, diosa de la juventud, y a Marte, dios de la guerra. Más tarde también tuvo a Ilitía, la diosa de los nacimientos, la comadrona celeste.
Pero la pasión de Zeus por las mujeres bellas no tenia fin y así fue como se prendó de las hermanas Asteria y Leto, hijas del titán Ceo. Tal era su ardiente deseo por ellas que no pudo esperar a cortejarlas y valiéndose de un disfraz intentó violar a Asteria, la cual presa de un gran pánico y con grandes gritos salió volando convertida en codorniz. Dicen que desde entonces, cuando una mujer grita mucho es que se pone histérica. En este caso Asteria voló y voló hasta que falta de fuerzas cayó al mar. Su cuerpo de diosa dio a luz a una isla que se llamó Ortigia, que como veremos más adelante se convirtió en la isla de Delos, cuyo nombre significa la que brilla. Pero veamos que le sucedió a su hermana Leto. Esta, que era mucho más sensata, no vio con malos ojos al apuesto Zeus y se dejó seducir. Leto quedó enseguida embarazada de gemelos y se fue a refugiar a la isla de Ortigia para escapar de los celos iracundos de Hera que se había enterado de todo. En su furor por vengarse de la amante de Zeus, Hera impedía que la diosa de los partos, la comadrona Ilitía asistiera a Leto en su alumbramiento y el parto se retrasó durante nueve días y nueve noches. En el Olimpo muchos dioses se compadecían de los sufrimientos de Leto, entre ellos Zeus, y suplicaron a Hera que permitiera el nacimiento. Así lo hizo Hera, pero secretamente envió a la serpiente Pitón para que ahogara a los nacidos. Poseidon, a ruegos de su hermano Zeus, embraveció el mar para retrasar el viaje de la serpiente y dar tiempo a que nacieran Artemis y Apolo. Dicen que primero nació Artemis y que esta ayudó a su madre a parir a Apolo, el dios de la luz. Al nacer Apolo tal fue el brillo y resplandor aparecido que la isla cambió de nombre y se llamó desde entonces Delos. Apolo creció en cuatro días y cuando llegó la serpiente Pitón ya era fuerte como un dios y la pudo matar sin problemas. Atraídos por la luz de Delos, nueve cisnes acudieron al nacimiento y desde entonces dieron siempre vueltas a la isla. Algunos aseguran que Zeus, era uno de ellos y que se disfrazó de cisne para ver a sus hijos, pues Hera no se lo permitía.
Zeus, cansado de dar vueltas a la isla, regresó al Olimpo y quiso perder la memoria de tantos amores, pues quería que Hera le perdonara. Pidió consejo a su abuelo Urano y este le indicó que lo mejor que podía hacer era acudir a Mnemósine, la diosa de la memoria, y pedírselo. Así lo dispuso, pero mientras recibía instrucciones de ella, le hizo el amor y la dejó embarazada. De ella nacieron las nueve Musas.
Zeus ya no podía con su alma de tanto ajetreo y líos de faldas, así que hizo un viaje para descansar más allá de las Hespérides al reino de Atlante. Allí conoció a la princesa Maya, su hija, y en pocas semanas nació entre ellos un ardiente amor. Fruto de su sagrada unión nació Hermes, el heraldo de los Inmortales.
De vuelta a casa, no lo hizo directamente sino que pasó por el reino de Anfitrión. Al llegar al palacio real resultó que el rey estaba en la guerra y le recibió su bella esposa Alcmena. Zeus sintió deseo de yacer con ella, pero era tan virtuosa que solo pudo conseguirlo una noche en que Zeus tomó la forma de su marido. Alcmena daría a luz al más legendario héroe de todos los tiempos, al más esforzado, al más fuerte, que se llamaría Hércules, el cual siendo mortal llegó a ser un dios. Su vida y aventuras son otra historia.
En primer lugar se enamoró de Metis, la diosa de la inteligencia, pero fue un arreglo que le convenía, pues a su lado pudo adquirir habilidad para gobernar a los dioses. Sin embargo pasado un tiempo Zeus comprobó que ya no podía aprender más de la diosa y que no toda la sabiduría e inteligencia de Metis le era aprovechable. Consultó con su abuela Gea y con Urano, los cuales le advirtieron del peligro de ser destronado por algún hijo de Metis que heredara las cualidades de la diosa. Para evitarlo debía de tragársela y así, no solo absorbería sus cualidades, sino que alejaría el peligro de un sucesor demasiado listo. Sin pensarselo dos veces se la tragó, pero resultó que Metis se había quedado embarazada previamente y estaba en gestación así que poco tiempo después Zeus despertó con enormes dolores de parto en su cabeza, y después de siete noches de grandes migrañas, de su cabeza nació una niña preciosa que se llamó Atenea.
Pero Zeus era todavía muy joven para no tener esposa fija, y Temis, la diosa de la justicia, siempre le había parecido atractiva y justa. Así que se casó con ella y tuvo a las Horas y a las Moiras que concedían a los hombres la felicidad o la desgracia. Pero pronto las Horas y las Moiras crecieron y Zeus comprobó que no era suficiente descendencia, aunque en realidad era un excusa para irse a buscar alguna amante, pues Temis era bastante aburrida y él era un mujeriego. Así fue como, en uno de sus muchos viajes al reino de Poseidón, conoció a una de sus hijas, a Océano, de gran belleza, de la cual se enamoró perdidamente a primera vista. Dicen que Eros intervino, pues Océano era tan creída de su belleza que nunca le parecían suficiente los partidos que se le presentaban y por ello fue castigada a corresponder al amor de Zeus. Sus amores duraron muchos años, pero como no era una cosa oficial, los hijos que tuvieron nunca fueron vistos en el Olimpo. De Océano se sabe que tuvo al menos a las tres Gracias, a cual más bella, pero ninguna más hermosa que su propia madre.
Pasó el tiempo y un buen día, paseando por el Olimpo, vio entreabierta la puerta de los aposentos de la diosa Demeter, que ya era madre y estaba en la plenitud de su feminidad. La vio tan bella mientras dormía medio desnuda que no resistió la tentación de colarse en su lecho. Demeter no solo no lo rechazó sino que le gustó el atrevimiento y así fue como se hicieron amantes y de sus amores nació Perséfone, la de eburneos brazos, y de escultural presencia. La vida de esta diosa fue complicada pues al salir de la adolescencia era tan atractiva que Zeus se enamoró de su propia hija, sin embargo Demeter para evitar mayores males la mandó a una isla lejana y allí la retuvo alejada del Olimpo para que no tentara a Zeus. Pero un día, el hermano de Zeus, Hades, la vio recogiendo flores y se enamoró de ella al extremo de raptarla para llevársela al reino subterráneo de donde no regresa nadie, bueno, solo unos pocos. La hizo su esposa contra la voluntad de la madre, Demeter, la cual lloró tanto su desgracia a Zeus que al final este intervino para que Hades la devolviera. Pero el astuto Hades se había prevenido contra esta posibilidad y le había dado a comer a Perséfone el fruto de una granada infernal que hacia imposible su regreso, pues es sabido que quien prueba el alimento del Hades no puede volver entre los vivos. Al saberlo Demeter, cogió tal rabieta y enfado que declaró una gran hambruna en la tierra haciendo que los cereales y los cultivos se secaran, no en vano era la diosa de la agricultura. Zeus, que ya estaba más que harto de esta historia, volvió a pactar con su hermano una solución y al final decidieron que Perséfone pasaría la primavera y el verano con su madre y el resto del año con su esposo. Desde entonces los cultivos solo prosperan en las estaciones cálidas para recordar al mundo la traición que cometió Hades al casarse con Perséfone sin consentimiento de su madre.
Zeus pasada la crisis familiar de Demeter, se tomó un descanso y decidió ser más formal, cosa que no duraría mucho, así fue como se desposó con Hera en la boda más impresionante que jamás volvió a ver el Olimpo. Hera se convirtió así en la diosa consorte oficial y desde entonces reina al lado de Zeus. Pero Hera, que es la diosa del hogar, no era fácil de engañar, y Zeus delante de ella casi nunca se atrevía a levantar la voz porque la cólera de Hera y sus venganzas por infidelidad eran terribles. Con ella tuvo Zeus a dos de sus hijos más queridos, a Hebe, diosa de la juventud, y a Marte, dios de la guerra. Más tarde también tuvo a Ilitía, la diosa de los nacimientos, la comadrona celeste.
Pero la pasión de Zeus por las mujeres bellas no tenia fin y así fue como se prendó de las hermanas Asteria y Leto, hijas del titán Ceo. Tal era su ardiente deseo por ellas que no pudo esperar a cortejarlas y valiéndose de un disfraz intentó violar a Asteria, la cual presa de un gran pánico y con grandes gritos salió volando convertida en codorniz. Dicen que desde entonces, cuando una mujer grita mucho es que se pone histérica. En este caso Asteria voló y voló hasta que falta de fuerzas cayó al mar. Su cuerpo de diosa dio a luz a una isla que se llamó Ortigia, que como veremos más adelante se convirtió en la isla de Delos, cuyo nombre significa la que brilla. Pero veamos que le sucedió a su hermana Leto. Esta, que era mucho más sensata, no vio con malos ojos al apuesto Zeus y se dejó seducir. Leto quedó enseguida embarazada de gemelos y se fue a refugiar a la isla de Ortigia para escapar de los celos iracundos de Hera que se había enterado de todo. En su furor por vengarse de la amante de Zeus, Hera impedía que la diosa de los partos, la comadrona Ilitía asistiera a Leto en su alumbramiento y el parto se retrasó durante nueve días y nueve noches. En el Olimpo muchos dioses se compadecían de los sufrimientos de Leto, entre ellos Zeus, y suplicaron a Hera que permitiera el nacimiento. Así lo hizo Hera, pero secretamente envió a la serpiente Pitón para que ahogara a los nacidos. Poseidon, a ruegos de su hermano Zeus, embraveció el mar para retrasar el viaje de la serpiente y dar tiempo a que nacieran Artemis y Apolo. Dicen que primero nació Artemis y que esta ayudó a su madre a parir a Apolo, el dios de la luz. Al nacer Apolo tal fue el brillo y resplandor aparecido que la isla cambió de nombre y se llamó desde entonces Delos. Apolo creció en cuatro días y cuando llegó la serpiente Pitón ya era fuerte como un dios y la pudo matar sin problemas. Atraídos por la luz de Delos, nueve cisnes acudieron al nacimiento y desde entonces dieron siempre vueltas a la isla. Algunos aseguran que Zeus, era uno de ellos y que se disfrazó de cisne para ver a sus hijos, pues Hera no se lo permitía.
Zeus, cansado de dar vueltas a la isla, regresó al Olimpo y quiso perder la memoria de tantos amores, pues quería que Hera le perdonara. Pidió consejo a su abuelo Urano y este le indicó que lo mejor que podía hacer era acudir a Mnemósine, la diosa de la memoria, y pedírselo. Así lo dispuso, pero mientras recibía instrucciones de ella, le hizo el amor y la dejó embarazada. De ella nacieron las nueve Musas.
Zeus ya no podía con su alma de tanto ajetreo y líos de faldas, así que hizo un viaje para descansar más allá de las Hespérides al reino de Atlante. Allí conoció a la princesa Maya, su hija, y en pocas semanas nació entre ellos un ardiente amor. Fruto de su sagrada unión nació Hermes, el heraldo de los Inmortales.
De vuelta a casa, no lo hizo directamente sino que pasó por el reino de Anfitrión. Al llegar al palacio real resultó que el rey estaba en la guerra y le recibió su bella esposa Alcmena. Zeus sintió deseo de yacer con ella, pero era tan virtuosa que solo pudo conseguirlo una noche en que Zeus tomó la forma de su marido. Alcmena daría a luz al más legendario héroe de todos los tiempos, al más esforzado, al más fuerte, que se llamaría Hércules, el cual siendo mortal llegó a ser un dios. Su vida y aventuras son otra historia.
8 - La Manzana de la Discordia
Para entender esta historia hemos de remontarnos a los tiempos más remotos de la formación del mundo. Era la época en que el cielo, Urano, y la tierra, Gea, se decidieron a tener descendencia. Mucho antes que nacieran los Titanes y los Cíclopes, Gea y Urano engendraron gemelos: el Erebo y la Noche. La Noche iba a llevar mala vida, de hecho nunca fue muy afortunada en sus amores. Primero le tocó hacer de pareja de su propio hermano, pues no había donde escoger... De su unión nacieron el Día y el Eter, que fueron los únicos hijos oficiales que tuvo la Noche.
Al pasar el tiempo llegaron los problemas familiares con el nacimiento de los Cíclopes y los Titanes que ya hemos narrado en otro lugar. Se fue alborotando tanto el panorama que la Noche se fue perdiendo en la oscuridad. Descubrió que le gustaba pasar desapercibida y como sus hijos ya no la necesitaban, buscó aventuras amorosas por los alrededores del Olimpo...
Fruto de sus desvaríos nocturnos, la Noche fue pariendo hijos de padres a veces poco dispuestos a ser reconocidos. Pero a nosotros solo nos interesa la historia de una de sus hijas, la diosa Discordia, que nació de un desliz que tuvo con Cerbero, el carcelero del Hades. El carcelero era duro de mollera y testarudo como buen perro guardián. La Noche llevaba siempre a su hija Discordia a ver al carcelero cuando sus obligaciones lo permitían, así fue como la pequeña aprendió el arte de enfrentar a su madre con su padre por nimiedades o cuestiones sin importancia. Fue pasando el tiempo y la diosa de la Discordia, al crecer, descubrió que el don de su divinidad era precisamente sembrar las dudas y las disputas entre los dioses.
Durante el reinado de Zeus, la diosa Discordia no era bien vista, y rara vez se la dejaba pasear por el Olimpo. Ella estaba rabiosa por que se sentía apartada de la corte celestial y no podía participar de los acontecimientos y festejos del resto de los dioses. Claro que se lo tenia merecido por que siempre que se unía a algún grupo acababa llevando la discusión y las peleas entre ellos.
Pasaba el tiempo y como no tenia muchas ocasiones de encontrar un esposo, decidió buscar amantes ocasionales pensando que quizás alguno se dejaría engañar y finalmente se casaría con ella. Pero no llegó a ocurrir nunca. Lo que si fue ocurriendo es que empezó a tener hijos, pues era muy fértil y enseguida se quedaba embarazada. La lista de sus hijos ilegítimos es muy larga… quizás olvide alguno. Por este orden, primero parió al doloroso Ponos (Pena), después a Lete (Olvido) y a Limos (Hambre) y al lloroso Algos (Dolor), también a las Hisminas (Disputas), las Macas (Batallas), las Fonos (Matanzas), las Androctasias (Masacres), los Odios (Neikea), las Mentiras (Pseudologos), las Anfilogías (Ambigüedades), a Disnomia (el Desorden) y a Ate (la Ruina y la Insensatez), todos ellos fueron siempre juntos y en general compartían las desventuras que ocasionaban, pero ninguno causó tantos males como el último de sus hijos, Horcos (el Juramento), el causante de que los hombres voluntariamente perjuraran e incumplieran lo prometido.
Con este pedigrí familiar se entiende que en el Olimpo la presencia de la diosa Discordia fuera rechazada. Tanto es así que en ocasión de una gran boda, que ahora explicaré, fueron invitados todos los dioses del Olimpo menos la Discordia. Tal fue la rabieta de la diosa que decidió pensar en un malévolo regalo digno de su poder.
La boda en cuestión es una de las más famosas de la antigüedad, la boda de Peleo y de Tetis, la pareja de la que nacería el más famoso guerrero griego: Aquiles.
Pero veamos como consiguió Peleo, príncipe de los Mirmidones, casarse con Tetis, nieta del dios Océano, ninfa del mar y séquito de Neptuno. Resulta que el joven príncipe Peleo fue uno de los Argonautas que con Jasón partió a la búsqueda del Vellocino de Oro. En sus aventuras por el mar conoció a Tetis, la más bella de las Nereidas, de la cual se enamoró perdidamente. Pero Tetis era inalcanzable para un mortal pues tenia el don de cambiar de forma si se veía en apuros, así conseguía evitar cualquier intento de posesión por parte de Peleo. De vuelta en su palacio, Peleo hizo llamar al sabio centauro Quirón y le pidió consejo. El centauro le aconsejó que debía aferrarse a ella sin importar en lo que se transformase, pues más tarde o más temprano volvería a su forma humana y entonces podría poseerla. La ninfa se transformó en un calamar y Peleo agarró con fuerza uno de sus tentáculos y no lo soltó hasta que la ninfa recuperó su forma. En reconocimiento a su perseverancia y fuerza, Tetis aceptó casarse con Peleo, pidiendo a Quirón que los casara en el monte Pelion, donde el sabio centauro tenía su morada.
La boda fue un éxito y todos los dioses acudieron con sus regalos. Quirón regaló a Peleo una lanza invencible construida por Vulcano y Atenea. Pero la lista de presentes seria inacabable así que iremos directamente a la manzana de la Discordia… el regalo envenenado.
En pleno banquete apareció una manzana de oro, que Discordia había cogido del Jardín de las Hespérides, en la que había una inscripción que decía ‘Seré para la más bella’… rápidamente las diosas Hera, Atenea y Afrodita se consideraron a si mismas merecedoras de la manzana e iniciaron una discusión que obligó a Zeus a intervenir para atajar la pelea que se había desatado. Viendo Zeus que él mismo no podía ser imparcial, por ser Hera su mujer y Atenea su hija, invitó al príncipe troyano Paris a decidir por todos cual de ellas era merecedora de la manzana.
Rápidamente las tres diosas quisieron ganarse el favor de Paris intentando sobornarlo con diferentes ardides. Hera le prometió el mayor poder político imaginado y el control sobre todas las naciones de los hombres. Atenea a su vez le aseguró que le dotaría de tales armas y habilidades como guerrero, que no existiría enemigo al que no pudiera vencer. Finalmente Afrodita le concedió el poder de obtener el amor de la mujer más bella que pudiera desear cuando él quisiera. Paris contempló las ofertas y se decidió finalmente por la de Afrodita, lo que desencadenó las iras de Hera y de Atenea… La manzana había empezado a sembrar la semilla del mal que pretendía la diosa Discordia.
La boda prosiguió con la música de Quirón y el baile de las Nereidas, que no dejaron descansar a los dioses en toda la noche. Cuando el alba rompió la oscuridad de la noche acudió a Tetis una de las sibilas de Elfos y en gran secreto le reveló una profecía que hacia referencia al hijo que todavía no había concebido. Así supo Tetis que su hijo Aquiles moriría frente a las murallas de Troya. Pero esa es otra historia.
Al pasar el tiempo llegaron los problemas familiares con el nacimiento de los Cíclopes y los Titanes que ya hemos narrado en otro lugar. Se fue alborotando tanto el panorama que la Noche se fue perdiendo en la oscuridad. Descubrió que le gustaba pasar desapercibida y como sus hijos ya no la necesitaban, buscó aventuras amorosas por los alrededores del Olimpo...
Fruto de sus desvaríos nocturnos, la Noche fue pariendo hijos de padres a veces poco dispuestos a ser reconocidos. Pero a nosotros solo nos interesa la historia de una de sus hijas, la diosa Discordia, que nació de un desliz que tuvo con Cerbero, el carcelero del Hades. El carcelero era duro de mollera y testarudo como buen perro guardián. La Noche llevaba siempre a su hija Discordia a ver al carcelero cuando sus obligaciones lo permitían, así fue como la pequeña aprendió el arte de enfrentar a su madre con su padre por nimiedades o cuestiones sin importancia. Fue pasando el tiempo y la diosa de la Discordia, al crecer, descubrió que el don de su divinidad era precisamente sembrar las dudas y las disputas entre los dioses.
Durante el reinado de Zeus, la diosa Discordia no era bien vista, y rara vez se la dejaba pasear por el Olimpo. Ella estaba rabiosa por que se sentía apartada de la corte celestial y no podía participar de los acontecimientos y festejos del resto de los dioses. Claro que se lo tenia merecido por que siempre que se unía a algún grupo acababa llevando la discusión y las peleas entre ellos.
Pasaba el tiempo y como no tenia muchas ocasiones de encontrar un esposo, decidió buscar amantes ocasionales pensando que quizás alguno se dejaría engañar y finalmente se casaría con ella. Pero no llegó a ocurrir nunca. Lo que si fue ocurriendo es que empezó a tener hijos, pues era muy fértil y enseguida se quedaba embarazada. La lista de sus hijos ilegítimos es muy larga… quizás olvide alguno. Por este orden, primero parió al doloroso Ponos (Pena), después a Lete (Olvido) y a Limos (Hambre) y al lloroso Algos (Dolor), también a las Hisminas (Disputas), las Macas (Batallas), las Fonos (Matanzas), las Androctasias (Masacres), los Odios (Neikea), las Mentiras (Pseudologos), las Anfilogías (Ambigüedades), a Disnomia (el Desorden) y a Ate (la Ruina y la Insensatez), todos ellos fueron siempre juntos y en general compartían las desventuras que ocasionaban, pero ninguno causó tantos males como el último de sus hijos, Horcos (el Juramento), el causante de que los hombres voluntariamente perjuraran e incumplieran lo prometido.
Con este pedigrí familiar se entiende que en el Olimpo la presencia de la diosa Discordia fuera rechazada. Tanto es así que en ocasión de una gran boda, que ahora explicaré, fueron invitados todos los dioses del Olimpo menos la Discordia. Tal fue la rabieta de la diosa que decidió pensar en un malévolo regalo digno de su poder.
La boda en cuestión es una de las más famosas de la antigüedad, la boda de Peleo y de Tetis, la pareja de la que nacería el más famoso guerrero griego: Aquiles.
Pero veamos como consiguió Peleo, príncipe de los Mirmidones, casarse con Tetis, nieta del dios Océano, ninfa del mar y séquito de Neptuno. Resulta que el joven príncipe Peleo fue uno de los Argonautas que con Jasón partió a la búsqueda del Vellocino de Oro. En sus aventuras por el mar conoció a Tetis, la más bella de las Nereidas, de la cual se enamoró perdidamente. Pero Tetis era inalcanzable para un mortal pues tenia el don de cambiar de forma si se veía en apuros, así conseguía evitar cualquier intento de posesión por parte de Peleo. De vuelta en su palacio, Peleo hizo llamar al sabio centauro Quirón y le pidió consejo. El centauro le aconsejó que debía aferrarse a ella sin importar en lo que se transformase, pues más tarde o más temprano volvería a su forma humana y entonces podría poseerla. La ninfa se transformó en un calamar y Peleo agarró con fuerza uno de sus tentáculos y no lo soltó hasta que la ninfa recuperó su forma. En reconocimiento a su perseverancia y fuerza, Tetis aceptó casarse con Peleo, pidiendo a Quirón que los casara en el monte Pelion, donde el sabio centauro tenía su morada.
La boda fue un éxito y todos los dioses acudieron con sus regalos. Quirón regaló a Peleo una lanza invencible construida por Vulcano y Atenea. Pero la lista de presentes seria inacabable así que iremos directamente a la manzana de la Discordia… el regalo envenenado.
En pleno banquete apareció una manzana de oro, que Discordia había cogido del Jardín de las Hespérides, en la que había una inscripción que decía ‘Seré para la más bella’… rápidamente las diosas Hera, Atenea y Afrodita se consideraron a si mismas merecedoras de la manzana e iniciaron una discusión que obligó a Zeus a intervenir para atajar la pelea que se había desatado. Viendo Zeus que él mismo no podía ser imparcial, por ser Hera su mujer y Atenea su hija, invitó al príncipe troyano Paris a decidir por todos cual de ellas era merecedora de la manzana.
Rápidamente las tres diosas quisieron ganarse el favor de Paris intentando sobornarlo con diferentes ardides. Hera le prometió el mayor poder político imaginado y el control sobre todas las naciones de los hombres. Atenea a su vez le aseguró que le dotaría de tales armas y habilidades como guerrero, que no existiría enemigo al que no pudiera vencer. Finalmente Afrodita le concedió el poder de obtener el amor de la mujer más bella que pudiera desear cuando él quisiera. Paris contempló las ofertas y se decidió finalmente por la de Afrodita, lo que desencadenó las iras de Hera y de Atenea… La manzana había empezado a sembrar la semilla del mal que pretendía la diosa Discordia.
La boda prosiguió con la música de Quirón y el baile de las Nereidas, que no dejaron descansar a los dioses en toda la noche. Cuando el alba rompió la oscuridad de la noche acudió a Tetis una de las sibilas de Elfos y en gran secreto le reveló una profecía que hacia referencia al hijo que todavía no había concebido. Así supo Tetis que su hijo Aquiles moriría frente a las murallas de Troya. Pero esa es otra historia.
9 - Hércules
Como sabemos, (lo hemos explicado al final de las aventuras amorosas de Zeus - entrada 7) Hércules fue hijo de la reina Alcmena la cual lo concibió creyendo que yacía con su esposo Anfitrión de Tebas, sin embargo quien lo procreó fue Zeus tomando la apariencia del rey ausente pues de otra manera Alcmena, que era muy virtuosa, no abría accedido a hacer el amor con Zeus. El embarazo de Alcmena siguió su curso pero estaba embarazada de gemelos. Al enterarse Zeus de que estaba previsto el nacimiento de dos varones juró que el primero que naciera seria un gran rey. Hércules nació primero que su hermano Ificles y se convirtió en el primer héroe nacido de un dios y una mortal.
Hera, la esposa oficial de Zeus, que era muy celosa, supo de la infidelidad y trató por todos los medios de perjudicar al héroe. Lo intentaría toda la vida... Primero probó sin éxito a retrasar el parto de los gemelos, más tarde envió dos serpientes a matar a Hércules mientras dormía en la cuna, pero el héroe jugó con ellas y las estranguló como si fueran insignificantes juguetes...
Como que Alcmena no tenia bastante leche, secretamente Zeus dispuso con engaños que Hera amamantase a Hércules sin saber que era él. Cuando finalmente Hera lo descubrió apartó bruscamente su teta de la boca de Hércules y un gran chorro de leche se esparció por el firmamento creando la vía Láctea.
Hércules creció sano y fuertote. Al ser hijo de Zeus tenia una gran envergadura y era muy atrevido, aunque no era muy inteligente. Durante la infancia se mostró siempre rebelde y poco disciplinado. Tanto és así que una vez en clase de música se enfureció con el maestro y le dio un golpe con la lira matándolo al instante. Fue acusado de asesinato y el joven tuvo que comparecer ante un jurado. Al ser hijo del rey Anfitrión de Tebas se tuvo en consideración que había actuado en defensa propia –cosa que no era cierta–, pero que en su caso le valió el perdón.
Pasado poco tiempo Hércules tuvo también problemas con algún criado del palacio real al que maltrató sin demasiada razón por lo que Anfitrión viendo el carácter violento y colérico de su hijo adoptivo decidió enviarlo al campo poniéndolo al mando de todos sus rebaños. Allí un pastor llamado Teutaro le adiestró en contener sus arrebatos, pero sobre todo le enseñó a manejar el arco y la flauta.
Hércules era ya un fornido adolescente cuando partió a dar caza al león de Citeron que siempre estaba tocándoles las narices a sus bueyes y no había manera de darle caza. Después de días de acoso consiguió matarlo y se vistió con sus pieles. Ya estaba a punto de llegar a su campamento, en donde le esperaba Teutaro, cuando se encontró de cara con una partida de emisarios del rey de los Minios que llegaban a cobrar sus impuestos a los tebanos. Hércules no se lo pensó dos veces y los atacó, les cortó la nariz y las orejas, las ató a sus cuellos y los envío de regreso con el mensaje de que ese era todo el tributo que iban a conseguir si volvían.
Al enterarse el rey tebano Creonte decidió recompensar a Hércules permitiéndole que se casara con su hija Megara, con la que tuvo varios hijos. Ninguno de los cuales llegó a viejo, como veremos.
Pero Hera seguía enfurecida y cuando Zeus le explicó lo bien que le iba a su héroe favorito, decidió provocar un ataque de locura en Hércules, el cual, poseído por la cólera de Hera mató a su mujer, a sus hijos y a dos sobrinos que pasaban casualmente por allí. Al despertar de su locura se avergonzó tanto de su conducta que huyó a aislarse de la sociedad habitando por un largo tiempo en las tierras más alejadas y salvajes.
Finalmente su hermano Ificles lo encontró y lo convenció para que fuera al Oráculo de Delfos a solicitar el perdón. En penitencia la sibila delfica le propuso los 12 trabajos de Hércules. Tras el cumplimiento de todos ellos quedaría por fin perdonado.
Pero estos trabajos son cada uno motivo de una historia, así que los dejaremos de lado por ahora.
Una vez Hércules acabó con los doce trabajos se puso a buscar una nueva vida y se dio unas cuantas vueltas por el Helesponto hasta dar con Yole, la hija del rey de Ecalia, de la que se enamoró perdidamente. Pero su padre Eurito, no se fiaba de Hércules pues la fama le precedía y sabia que en un arranque de locura había matado a su anterior esposa y a sus hijos. Así que le denegó la mano de su hija.
Tiempo después Eurito organizó una competición de tiro con arco, prometiendo la mano de su hija a aquel que fuera capaz de superarle, a él o a sus hijos, que eran los mejores arqueros del mundo conocido. Hércules se presentó deseando ganar. Los hijos de Eurito consiguieron derrotar a todos los participantes pero cuando le tocó el turno a Hércules este dio tan certeramente en la diana que batió las marcas de estos últimos. Eurito alarmado, se dio cuenta de que el héroe estaba ganando y detuvo la competición impidiendo que se proclamara campeón. Su hijo mayor Ifito intentó hacer entrar en razón a su padre y defendió a Hércules pero no hubo nada que hacer, el padre se cerró en banda, rompió su promesa y se ganó la enemistad de Hércules para toda la vida. Lo cual le costaría muy caro como veremos.
A los pocos días, apesadumbrado y dolido, Hércules decidió partir. Justo en ese momento se descubrió en la ciudad que se habían robado las yeguas del rey Eurito. Entonces Ifito, que había apoyado a Hércules en la injusticia de la competición, pidió ayuda a Hércules para buscar las yeguas. Accedió Hércules y realizaron una larga e infructuosa búsqueda, tras lo cual nuestro héroe volvió a Tirinto, su ciudad de residencia. Un tiempo después Ifito descubrió las huellas de las yeguas y las siguió hasta Tirinto , exactamente a la casa de Hércules en donde aparecieron los animales. Hércules explicó que él las había pagado a un vendedor de ganado, cosa cierta, pero Ifito no le creyó y discutieron con violencia en lo alto de la muralla. Hércules encolerizado arrojó a Ifito desde lo alto causándole la muerte en el acto.
Hércules avergonzado por haber vuelto a matar a un inocente, regresó al Oráculo de Delfos, donde le fue impuesta una penitencia de tres años al servicio de la reina Onfale, de Lidia. Allí, a manos de la reina tirana, tuvo que aguantar innumerables humillaciones y trabajos de mujer, vestido con ropas femeninas, mientras Onfale vestía la piel de Leon de Nemea que Hércules había matado en la primera de sus anteriores penitencias… Después de tres años Hércules liberado de su esclavitud se casó con la reina y tuvieron un hijo al que llamaron Agelao. En realidad lo hizo para poder mandar sobre ella ya que había aguantado la situación contraria durante tres largos años…
Pero la vitalidad de Hércules no conocía limites, y cansado de las rarezas de Onfale –una vez satisfecha su pequeña venganza–, decidió dejarla y viajar en busca de nuevas aventuras.
En uno de sus viajes a Calidón, conoció a la princesa Deyanira, de la que se decía que tenia los pechos más bonitos del Helesponto, y de la que se prendó al momento. Era la hija de Eneo, rey de Calidón, el cual había prometido la mano de su hija al temible dios-río Aqueloo. Este dios, que podía cambiar de forma a voluntad, era muy poderoso y por eso muy confiado, sin embargo Hércules lo retó a un duelo por la princesa y el dios-río aceptó creyendo que no tendría ningún problema con aquel mortal. En el duro combate Aqueloo presentó diferentes transformaciones pero la última que tomó el río, con gran lujo de detalles, fue la figura de un esplendido toro negro. En esa transformación perdió un tiempo precioso buscando la estética perfecta del toro, tiempo que Hércules –que iba al grano– supo aprovechar para darle muerte retorciéndole el cuello por los cuernos. El héroe entregó los cuernos del dios-río a las náyades para que los transformaran en cornucopias de la abundancia. Así fue como tomó a Deyanira por esposa y pudo gozar de sus atributos.
Tiempo después Deyanira deseó visitar a su hermano Meleagro. Durante el viaje tuvieron que atravesar el río Eveno. A su orilla les estaba esperando –como quien no quiere la cosa–, el centauro Neso, el cual se ofreció a llevar a Deyanira a cuestas mientras Hércules cruzaba a nado. Pero Neso estaba secretamente enamorado de la princesa y cuando llegó a la orilla la raptó alejándose al galope con la intención de violarla. Hércules enfurecido le disparó una flecha envenenada con la sangre de la hidra Lerma acertándole en el corazón. Neso, moribundo –y antes de que Hércules llegara al lugar–, le dijo a Deyanira que tomara en un frasco un poco de su sangre, y si notaba que algún día perdía el amor de Hércules, se la aplicara pues era una eficaz pócima de amor. Deyanira cayó en la trampa de Neso, pero no se daría cuenta hasta que fue demasiado tarde.
Pasó un tiempo y Hércules, que no había olvidado del todo a la princesa Yole y la afrenta que sufrió en el reino de Ecalia, decidió levantarse en armas contra el rey Eurito y sus restantes hijos arqueros. Tuvo lugar una gran batalla en la que finalmente salió vencedor el héroe y en la que murieron Eurito y todos sus hijos menos Yole, que fue raptada por Hércules. Para celebrar la victoria encargó un festín en el que se sacrificarían doce bueyes en honor de Zeus. Heracles pidió a Deyanira una túnica limpia pues la que llevaba estaba hecha unos zorros después de la batalla… y quería estar presentable para la fiesta. Deyanira, muerta de celos por haber comprobado que Hércules se había batido por el recuerdo de Yole, decidió aplicar la pócima de Neso a la túnica que tenia que llevar Hércules. En cuanto el héroe se la puso notó que la piel le ardía y trató de sacársela, pero quedó adherida a su piel causándole tal sufrimiento que solo acertaba a pedir que lo mataran. En estas Deyanira, al darse cuenta de lo que había hecho, se dio muerte ahorcándose en sus habitaciones.
Fue Yolao su sobrino, compañero de aventuras y amante, el que prendió fuego a la pira en donde Hércules murió abrasado pues este sufrimiento era menor que el causado por el veneno del centauro. Dicen las malas lenguas que Neso era un agente de Hera, y que la noche en que murió Hércules se oyeron celebraciones en los aposentos de Hera, allí en el palacio del Olimpo.
Hércules murió el 12 de octubre, és el día de la Herakleia, que los griegos antiguos siempre más han festejado desde entonces.
10 - El Minotauro. Teseo y el hilo de Ariadna.
Para conocer esta historia mítica nos hemos de remontar al principe Minos, hijo del rey Asterión que gobernaba la isla de Creta.
Al morir Asterión, Minos solicitó ayuda a Poseidón para ocupar el trono de Creta. Poseidon escuchó la demanda e hizo surgir del mar un fabuloso toro blanco que acompañó a Minos en su ascensión al trono. Minos agradeció la ayuda de Poseidón ofreciendo sacrificar al toro blanco en su nombre. Pero, a medida que pasaban los días, Minos quedaba cada vez más maravillado de las cualidades del toro y decidió ocultarlo entre sus sementales para burlar el sacrificio que había prometido. El día señalado sacrificó a otro ejemplar, casi blanco, en su lugar pero no consiguió engañar a Poseidon, el cual, enfurecido por la treta, decidió vengarse de Minos haciendo que su mujer Pasifae tuviera un insólito deseo de yacer con el toro blanco que Minos se había querido guardar para sí.
Poseída por la lujuria que Poseidón había inculcado en ella, Pasifae solicitó la ayuda de un artesano de la corte que se llamaba Dédalo para que le construyera una vaca en el interior de la cual pudiera esconderse para yacer con el toro. Dédalo se avino al trato a cambio de ascender de artesano a arquitecto de la corte, y le construyó la vaca con madera y la cubrió con pieles verdaderas. Los cuartos traseros de la vaca eran practicables y en su interior Pasifae podía abrir sus piernas, embutidas en las de la falsa vaca, para recibir así las embestidas del toro. Del sexo ya consumado resultó un embarazo del que nació un ser humano con cabeza de toro, el Minotauro, al que llamaron Asterión como su abuelo.
Pasifae amamantó al Minotauro hasta los seis años, pero a partir de ahí el medio hombre y animal se volvió cada vez mas agresivo y empezó a rechazar toda comida que no fuera carne humana. Pero el castigo de Poseidon no acabó aquí ya que a medida que Asterión crecía se mostraba más indómito, irracional, salvaje y peligroso. Finalmente con la ayuda nuevamente de Dédalo el rey Minos mandó construir un laberinto gigantesco en el centro del cual abandonaron al Minotauro. Una vez encerrado se rehicieron los pasillos y encrucijadas para que no recordara la salida.
Por la misma época en que se encerraba al Minotauro, uno de los hijos del rey Minos fue asesinado en Atenas después de una competición Olímpica en la que resultó vencedor. Inmediatamente Creta declaró la guerra a los atenienses y tuvieron la fortuna de que una epidemia de peste asolara Atenas, lo cual facilitó a los ejércitos cretenses la rendición de Atenas sin apenas luchar. La victoria cretense fue considerada por el Oráculo de Delfos como algo justo y se impuso un tributo a los atenienses que consistía en que debían librar 7 jóvenes y 7 doncellas cada nueve años como sacrificio al Minotauro de Creta.
Pasó el tiempo y dieciocho años más tarde un joven patriota ateniense llamado Teseo declaró injusto el tributo que Atenas pagaba a Creta, pues la victoria había sido fruto de la peste y no de la lucha entre sus ejércitos. Así fue como decidió presentarse voluntario entre los jóvenes y doncellas destinados a ser devorados por el Minotauro, con la secreta intención de matarlo y librar a Atenas de la servidumbre a la que estaba sometida.
Nada más llegar a Creta los jóvenes y doncellas fueron presentados al rey Minos, al lado del cual se encontraba su hija Ariadna, de la que se decía que era la más bella cretense que había nacido nunca de una madre mortal. Inmediatamente se cruzaron sus miradas y Teseo quedó, al igual que Ariadna, profundamente enamorado. Como las fiestas del antropófago Minotauro todavía no habían comenzado tuvieron ocasión de encontrarse secretamente en los aposentos de Ariadna, cosa que Teseo consiguió trepando por los tejados del palacio de Minos sin ser visto por la guardia que los custodiaba. Entregados a su pasión amorosa una y otra vez, Ariadna decidió que Teseo valía la pena y le pidió que abandonara la idea de enfrentarse al Minotauro para casarse con ella. Teseo no podía hacer eso pues hubiera traicionado su propósito: devolver la dignidad a Atenas, así que con lagrimas en los ojos le prometio amor eterno y la convenció para que le dejara marchar a cumplir con su destino. Viendo Ariana que no podía cambiar la firme determinación de su amado, le dio un ovillo de hilo muy resistente que le permitiría recorrer el laberinto de forma inversa si, finalmente, conseguía matar al Minotauro. Dicen algunos que también le dio una daga envenenada con sangre de La Medusa, para que al herir al Minotauro en cualquier punto de su cuerpo, este quedara paralizado y fuera más fácil degollarlo y acabar así con su vida. A pesar de todo, Ariadna, que no tenia un pelo de tonta, pensó que debía asegurarse muy bien de que Teseo venciera de forma segura, pero no quería ayudarlo abiertamente pues habría supuesto dudar del valor de su amado… así que urdió un plan con Dédalo el arquitecto y constructor del laberinto. Según este plan, Dédalo modificaría el laberinto para que el Minotauro cayera por una trampilla mortal que se abriría bajo sus pies cuando menos se lo esperara. Pero Dédalo tenia un hijo, Icaro, de la misma edad que Ariadna y secretamente aspiraba a que su hijo y Ariadna algún día se casaran, así que, cuando la princesa le encargó la trampa para el Minotauro vio la oportunidad de asegurarse que Teseo no saliera nunca vivo del laberinto. Para ello el plan urdido con Ariadna no debía de funcionar exactamente como se había dicho…
Así las cosas, llegó el día y los jóvenes y doncellas se adentraron irremediablemente en el laberinto. Teseo fue el ultimo en entrar y viendo que no regresaba ninguno de los ofrecidos lo recorrió hasta que encontró al Minotauro.
Lo que pasó allí solo lo saben los dioses y no lo contaron nunca. Pero unas horas más tarde salió Teseo del laberinto –con la ayuda del hilo de Ariadna–, y fue declarado héroe y vencedor del Minotauro. El propio Minos consideró que Teseo le había librado de un gran problema y le concedió en premio la mano de Ariadna con la que finalmente se casó.
Pero Teseo alguna cosa vio en el laberinto que le sorprendió hasta el punto de explicársela a Ariadna en la noche de bodas. No sabemos que le dijo a la princesa, pero esta al enterarse sospechó de las malas artes de Dédalo por lo que pidió a su padre que lo confinara en la isla de Creta y le impidiera salir para el resto de su vida. Pero esa es otra historia que contar.
11 - Dédalo
Dédalo nació en Atenas. Su padre era agrimensor, se llamaba Eupálamo. Desde pequeño fue entrenado para ayudarle en las medidas de los huertos y solares de la ciudad. Cuando tuvo la edad su padre lo mandó a la academia de oficios y estudió para ser constructor.
Pero tenia mucho más ingenio del que se necesitaba para construir casas, rediles o cuadras, así que empezó a inventar pequeñas herramientas y amplió sus conocimientos con la mecánica y la topografía que por aquel entonces enseñaba Euclides. Después de 10 años estudiando con el sabio decidió abrir un taller en el que tomó como ayudante a su sobrino Perdix, hijo de su hermana que había quedado viuda al perder a su marido en la guerra de las Termopilas. Pero resultó que el sobrino aprendía rápidamente y destacaba por su inventiva, cosa que a Dédalo le sabia a rayos, pero fue aguantando. De hecho Dédalo estaba tan orgullosos de sus propios logros que no soportaba la idea de tener un rival en su propio taller. Pero lo que colmó su paciencia fue cuando Perdix un día que volvió de la playa trajo una raspa de lenguado y se dispuso a imitarla en hierro para construir la primera sierra metálica… ya antes había inventado el compas y Dédalo no podía con ello, así que ese mismo día se lo llevó a pasear por la Acrópolis con la excusa de que tenían que subir a lo más alto del templo de Atenea para reparar un tejadillo que andaba suelto. Una vez en las alturas Dédalo aprovechó un descuido y empujó sutilmente a su sobrino al vacío. Quiso la suerte que Palas Atenea, la diosa que favorece el ingenio de los mortales, tuviera ese día el ojo puesto en ellos. Reconociendo la valía de Perdix intervino al vuelo y lo convirtió en pájaro para que no muriera en la caída. Ese pájaro fue bautizado con su nombre, Perdix, y desde ese día és el único pájaro que no hace nidos mas que en la tierra o en los setos, no se alza por encima de los arboles y evita los lugares elevados no sea que se caiga como le ocurrió al sobrino de Dédalo.
Pero Palas Atenea que se había percatado de la fea maniobra de Dédalo, lo acusó, y por ello fue juzgado de intento de asesinato, sufriendo el destierro de Atenas.
Años más tarde, después de acudir al santuario de Apolo en Delfos en donde se dice que estuvo recluido para aprender sobre los secretos antiguos de la mecánica, acudió a la llamada del rey Minos de Creta el cual quería construir una estatua de bronce única que pudiera defender a Creta de los posibles invasores.
Dédalo estudio la posibilidad de construir una estatua articulada que pudiera lanzar piedras a los barcos que se aproximaran a la isla. Pero necesitaba una forja gigantesca que no existía en Creta, así que sugirió al rey Minos que implicara en el proyecto a Hefesto (Vulcano para los romanos) el dios del fuego, que tenia una fragua adecuada. Así fue como Hefesto confeccionó las enormes piezas de bronce que Dédalo necesitaba para montar su gigantesco autómata articulado.
Después de duros esfuerzos y de mucho ingenio, Dédalo consiguió, mediante un sistema hidráulico de aceite (del cual Creta tenia muchos excedentes), que los brazos articulados del gigante se movieran como catapultas y lanzaran piedras que adecuadamente embreadas podían ser incandescentes. Talos, pues así le bautizaron, se convirtió en el guardián de Creta y Minos se sintió seguro de que ningún barco enemigo seria capaz de invadir su territorio.
Pero Talos tenia un punto débil que estaba situado en su pierna derecha. Al parecer en la pierna derecha estaba el deposito del fluido que el autómata necesitaba para mover sus brazos, el aceite de los olivos cretenses, y por la pierna sobresalía un tubo conductor que si se cortaba destruía su capacidad de movimiento. El secreto de este punto débil solo era conocido por Dédalo y por Minos, pero una hechicera llamada Medea, con un encantamiento enamoró a Dédalo haciéndose pasar por una bailarina. Este, subyugado por la hechicera, le pidió que yaciera con él y la hechicera le puso como condición que le revelara el secreto de Talos. Dédalo embriagado de vino soltó la lengua. Al momento la hechicera hizo un nuevo encanto y apareció vieja y deforme. Sorprendido Dédalo del cambio creyó que la embriaguez le había jugado una mala pasada e hizo buscar a la bailarina que él creía que se había ocultado por sus aposentos, pero la búsqueda de sus criados fue en vano pues había desaparecido. Dédalo durmió la borrachera y olvidó el asunto, pero hoy sabemos que si Talos fue derrotado, lo fue gracias a Medea, la hechicera que reveló el secreto de su punto débil a Jason y los argonautas. Pero eso és otra historia.
Como sabéis Minos no era feliz, a pesar de que Talos protegía su reino, pues su hijo el Minotauro cada vez le avergonzaba más y quería ocultarlo de la vista del pueblo. Fue así como concibió la idea de encerrarlo en un laberinto del que no pudiera salir jamás. Dédalo, que ya era el arquitecto oficial de la corte, una vez más acudió en su ayuda y le construyó el mayor laberinto que jamas haya existido ni en la tierra ni en el Olimpo. La historia del Minotauro ya la conocéis, pero por si habéis olvidado algún detalle volveré a una parte de ella que és muy importante para entender como fue que Dédalo cayó en desgracia.
Cuando Ariadna, enamoradísima de Teseo, decidió ayudarlo sin que él lo supiera, planeó junto con Dédalo hacer una trampa dentro del laberinto para que el Minotauro cayera en ella y así Teseo tuviera la facilidad de matarlo y salir victorioso. Lo que pasó en realidad és que Dédalo aprovechó la situación para intentar deshacerse de Teseo, que era un rival de su propio hijo Icaro en la pretensión de la mano de Ariadna. Para ello secretamente hizo que la trampa estuviera justo en el atrio de acceso a la cámara central en donde moraba el Minotauro. La trampa consistía en una losa que disimulaba un mecanismo por el cual si se pisaba la losa una columna cercana caía sobre el que se adentraba en el atrio. Así supuso Dédalo que seria la muerte de Teseo, pero se equivocó. Efectivamente Teseo se adentró en el laberinto provisto de su espada y del hilo que tenia que conducirle a la salida. El hilo lo tenia que ir atando de vez en cuando a alguna columna para no arrastrarlo en toda su longitud y cuando llegó al atrio de la camara final decidió que también lo ataría a la columna que estaba justo al lado de la entrada, la que tenia que aplastarlo cuando traspasara la linea en la que estaba la losa con su mecanismo. Pero quiso la suerte que en ese momento el Minotauro, que ya había olido su presencia de lejos, se abalanzara hacia Teseo. Este, viendo que el medio hombre medio toro venia embistiendo con ferocidad, decidió que solo podía esquivarlo trepando hacia lo alto por la columna, para quedar fuera de su alcance. El Minotauro, que era apenas más alto que Teseo, aunque el doble de corpulento y fuerte, intentó trepar pero para ello quiso coger carrerilla y retrocedió unos pasos, lo que resultó fatal pues pisó la losa y desencadenó la caída de la columna sobre la que estaba sujeto con manos y piernas Teseo. La caída de la columna sobre el Minotauro no lo mató pero lo dejó aturdido el tiempo suficiente para que Teseo aprovechara para cortarle el cuello y acabar con él. Teseo se guardó sus sospechas hasta que en la misma noche de bodas, en uno de los descansos que los amantes se hubieron de tomar, le comentó su extrañeza a Ariadna, la cual tuvo que disimular su rubor bebiendo más vino y retomando las caricias para distraer a Teseo de sus sospechas. En ese momento, sin embargo, la princesa comprendió el alcance de la traición de Dédalo y juró vengarse de él.
Ariadna pidió a su padre que castigara a Dédalo con la muerte, pero no podía decirle por qué, así que el rey Minos optó por una decisión que no le comprometiera demasiado, advirtiendo a su hija que mientras no le explicara las razones del castigo simplemente lo que haría seria confinar a Dédalo a la isla de Creta impidiendo que pudiera salir de ella hasta que las cosas se aclararan.
Así fue como Dédalo retomó su vida de inventor pero con el pesar de que siempre seria prisionero del rey Minos y sabiendo que el día que Ariadna le confesara a su padre las razones que tenia para desear su castigo, ese podía ser su final.
Dándole vueltas a las cosas Dédalo pensó que las aves eran libres de ir y venir pasando por encima del mar. Fue así como concibió la fabricación de unas alas que le permitieran volar. Engarzó plumas de las grandes aves marinas, los albatros reales, y cosió con hilo, las más grandes, a un armazón de ligera madera, mientras que las más pequeñas las unió a la madera con sucesivos baños de cera. Al conjunto le dio la suave curvatura de las alas de un pájaro y se dispuso a probar. El primer vuelo fue un poco fracasado pues se rompió un brazo al caer de una altura de 10 metros, pero después de introducir unas cuantas mejoras finalmente consiguió volar con cierta seguridad. Si los vientos eran propicios podía ser capaz de volar grandes distancias, así que fabricó un segundo juego de alas y propuso a su hijo Icaro la aventura de huir de Creta atravesando el mar. Dédalo enseñó a su hijo las artes del vuelo y antes de partir le advirtió de que ni volara demasiado bajo pues las plumas húmedas de las olas le harían imposible levantar el vuelo, ni volara demasiado alto pues el calor del sol fundiría la cera y perdería el plumaje que le sustentaba.
Cargados con unas ligeras provisiones, eligieron un día claro con viento suave para emprender su viaje. Pasaron por las islas de Samos, Delos y Lebintos, y entonces Icaro entusiasmado con el vuelo empezó a ascender como si quisiera llegar al paraíso. Dédalo gritaba en vano que no ascendiera pero su hijo no atendía a razones y de tan lejos que ya estaba no respondía a sus advertencias. El ardiente sol empezó a fundir la cera y comenzó a perder plumas con lo cual su ascenso se vio bruscamente interrumpido y por mucho que agitaba los brazos no podía detener su caída al mar, en donde finalmente pereció ahogado mientras Dédalo lo contemplaba desde el cielo con lagrimas, recriminándose que con sus artes había malogrado a su propio hijo. Dédalo, lamentado amargamente lo sucedido, llamó Icaria –en su memoria– a la tierra más cercana al lugar en donde su hijo se había ahogado.
Siguió apenado su vuelo y llegó finalmente sano y salvo a Sicilia en donde el rey Cócalo lo acogió en su corte, lo nombró preceptor de sus dos hijas y le encargó que construyera un templo dedicado a Apolo, así lo hizo y cuando lo acabó de construir colgó sus alas como ofrenda al dios y nunca más las volvió a usar.
Mientras tanto Minos buscaba a Dédalo por todas partes y no daba con él. Así que prometió una gran recompensa a quien resolviera un acertijo. Ofrecía una caracola y pedía que fuera enhebrada completamente con un hilo. Llegó la noticia del acertijo a oídos del rey Cócalo, el cual conociendo las habilidades de Dédalo lo mando a buscar. Dédalo resolvió el acertijo atando un hilo a una hormiga y haciendo que esta se internase más y más en la caracola hasta enhebrarla totalmente. Naturalmente el rey Cócalo quiso alardear de que en su reino se había resuelto el problema y lo comunicó a Minos. Este, sospechando que Dédalo tenia que ver con la resolución acudió a Sicilia para exigir al rey Cocalo que le entregara al fugitivo. Cocalo no se negó pero le tendió una trampa. Mientras mandaba a buscar a Dédalo ofreció a Minos un baño caliente, el cual aceptó. Cuando se bañaba, las hijas de Cócalo, que tenían adoración por su preceptor, ahogaron a Minos con agua hirviendo para acabar con el problema.
Así fue como, años más tarde, Dédalo murió plácidamente de viejo en la corte de Sicilia rodeado de los nietos del rey Cocalo.
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